69. Adiós Nonino - Feat. Astor Piazzolla
Mi adiós, a tu amor,… tu vino.
¿Quién..? Sin piedad, me robó la mitad,
al llevarte "Nonino"...
Y hoy mi viejo "Nonino" es una planta,
es la luz, es el viento y es el río...
Este torrente mío lo suplanta,
prolongando en mi ser, su desafío.
Me sucedo en su sangre, lo adivino.
Y presiento en mi voz, su propio eco.
Esta voz que una vez, me sonó a hueco
cuando le dije adiós Adiós "Nonino".

Adiós Nonino (violin) - Astor Piazzola


*Adios Nonino - Astor Piazzolla


‘Adiós Nonino’ es el título del tango, obra maestra, del genial Ástor Piazzolla. El genial músico lo escribió hace sesenta años, en octubre de 1959 a raíz de la muerte de su padre, tan solo unos días antes. Mi abuelo, Papahumbi, muere casi sesenta años después que el padre de Piazzolla. Fue una muerte trágica, violenta, e inesperada. Un accidente de tránsito que terminó siendo fatal. Es cierto, los héroes tarde o temprano terminan muriendo porque no pueden escapar al destino, pero su historia sobrevive… Piazzolla declaró en su momento que esta fue su mejor creación. Mi ‘Nonino’, el héroe de nuestra infancia amaba el tango y se fue sin que le pueda decir adiós… Aquí comparto la carta que le envié el día de su entierro y que pretende recordar parte de su historia.

Mi Querido Papa-Humbi

Han pasado seis meses desde la última vez que nos vimos y más tiempo pasará hasta que nos volvamos a ver. De momento, esto me suena a dos eternidades porque el paso del tiempo solo se hace más lento por el cariño que nos tenemos. Lamento no estar cerca de tu cuerpo, pero siento que estamos cercanos. Siempre lo estuvimos y la distancia nunca importó. Se trata de un mero asunto temporal, nunca espacial. No será diferente esta vez. En Buenos Aires, mis hermanos y yo estamos en este momento reunidos en tu nombre.

Hace una semana ya te extrañaba, y sinceramente, no será menos ahora, ni nunca. Al decirlo, he de confesar que me duele un poco el alma. No mucho, porque, inevitablemente, pensarte es recordarte, recordarte es revivirte y revivirte es vivir y volver a vivir las cosas que compartimos, que me contaste y que sé de ti, revivirte es sonreír… Recordarte es volver a sentir tu palma abierta en mi cabeza cuando niño, tu presencia gallarda esperando nuestra salida de la escuela, tu manera tan niña de disfrutar un helado de guanábana y mora con su respectiva quesadilla, el olor de tu colonia, o la textura del traje negro que usabas con aquella corbata roja en ocasiones especiales. Recordarte es entender que la vida está compuesta de pequeñas conquistas que suman un gran triunfo, esas conquistas en las que la familia y los amigos, tus buenos amigos, son protagonistas estelares. Recordarte es entender una película llena de historias diminutas que van de Cotacahi a Quito, ida y vuelta; de la casa del Tejar a la de La Gasca, con paseos a la playa e interminables fiesta; carnavales y navidades; fanescas, coladas y guaguas de pan; tangos, boleros y la inconfundible voz de Sinatra… Recordarte es perseguirte en tu juvenil huida a Colombia e interceptarte en Ibarra… Recordarte es entender que el respeto que infundías se mezclaba con la mano amiga siempre extendida, o que la adversidad es una etapa necesaria en la vida, porque lo dulce no se entiende sin lo amargo… Recordarte es entender que el amor también implica sacrificio porque junto a Matico cuidaste de tus padres en un estado delicado por algunos años de sus vidas… Recordarte es entender que es posible ser un eterno galán a la antigua usanza, enamorado de la vida, enamorando al mismo amor… Recordarte es saber que entre todas, tu primer amor es tu último amor, tú único amor. Recodarte es recuerdo y arte.

Hoy el panorama se presenta un poco más oscuro y difícil, porque nos dirigimos a ti pensando en tu vitalidad y usual energía, y tu voz firme y segura no sale a nuestro encuentro. No será fácil sin ti, pero si algo nos enseñaste es que la familia merece su lugar y que unidos somos una cadena difícil de romper. Nos uniremos porque estamos sin ti, pero nos uniremos por ti, porque así te gustaba vernos y tenernos.

De repente, esta eternidad que nos separa hasta el reencuentro se me hace más corta, pienso en ti, en tus ojos pequeños, oscuros y vivaces y me siento un poco más optimista, porque presiento que te encontraré una y otra vez en la sonrisa de mis hijos, en la voz de mis nietos, en los reclamos y mimos de mi madre, en las anécdotas y añoranza de mi abuela, en la memoria de todos los que te queremos y te querremos siempre... Sí, te encontraré una y otra vez en mi camino y entenderé que siempre habrá una posibilidad de encontrarme contigo cada mañana cuando al enfrentarme al espejo admire una parte de ti en mi propia mirada.

Una gota de mar no es mar, pero contiene mar. Hoy todos tenemos ‘gotas de ti’ en nuestro rostro, lágrimas por ti… Todos contenemos un poco de ti hoy. Nos asemejamos de alguna manera al hombre que fuiste… Nos asemejamos al hombre que eres y serás, porque a quien se quiere y a quien se recuerda no muere jamás.

Querido abuelo, escúchame bien, no te preocupes más. Podremos tener problemas, podremos enfrentar adversidad, pero nada nos asustará, nada nos corromperá, nada en el mundo impedirá que sigamos luchando hasta el final. Seremos solidarios y acudiremos a proteger a nuestra familia. Cuidaremos de tus hijas… Cuidaremos de tu mujer. Cuidaremos de tus nietos. Cuidaremos de nosotros mismos. Cuenta conmigo para ello. Te quiero.
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68. Acerca de la obsesión sexual masculina, el amor y la iluminación
¿Por qué los hombres pensamos tan recurrentemente en sexo? ¿Está mal? ¿No es sano? ¿Es completamente normal? ¿Vivimos una especie de ‘aceptable obsesión’ que nos lleva a relacionar muchas de las sensaciones que percibimos con la idea del sexo en cuanto tal?

El hombre, en términos generales, es mucho más sexual que la mujer. Está biológicamente preparado para reproducirse con una, dos, tres, o más mujeres, sin mayor problema en un corto período de tiempo. La meta está en asegurar y perpetuar su existencia en este planeta a través de la descendencia. La mujer, no. Una mujer que está embarazada debe tolerar un período de alrededor de nueve meses antes de poder embarazarse otra vez. Obviamente, esto es una explicación meramente biológica, que no considera otras variables importantes de la ecuación que son el aspecto emocional, el aspecto espiritual e inclusive el aspecto social.

Lo cierto es que la aparente obsesión sexual que los hombres sufren (o disfrutan) se ve reforzada por las conversaciones, comerciales, películas, revistas, imágenes, e inclusive tendencias de la moda, por lo que hay un constante refuerzo del mensaje que recibimos. Claro, no nos quejamos. Simplemente, seguimos pensando a menudo y con intermitencia en sexo.

El sexo es una necesidad, y es normal pensar en las necesidades que tenemos, me decía una psicóloga, amiga mía, cuando le pedí una aclaración del tema. El comer también es una necesidad, sin embargo pensamos mucho menos en comida, que en sexo. ¿Será porque nuestro deseo, o mejor dicho, necesidad sexual nunca se ha satisfecho del todo?

Aquí quiero señalar que no hablo de la necesidad sexual como sinónimo del placer. Es decir, que el placer se satisface a través del orgasmo, pero la necesidad sexual nunca queda del todo satisfecha. ¿Por qué? Es que al hacer el amor se pueden lograr mucho más que orgasmos y la compenetración de la pareja. Sé que para la mayoría de casos, esto ya es bastante. El placer físico y la satisfacción emocional que pueden producirse en este tipo de encuentros sobrepasan sus expectativas, pero ciertamente no las mías.

Hace un tiempo accedí a unos viejos manuscritos de alquimia. En ellos se decía que miles de años atrás hacer el amor significaba mucho más. ‘Hacer el amor’ tiene mucho de Alquimia, un arte y ciencia prácticamente olvidado hoy en día. Hacer el amor significa darle forma física a un sentimiento, a una emoción, a algo que tiene tintes espirituales. Esta explicación es la forma más sencilla de entender lo que viene a ser la Alquimia. Unos buscan la piedra filosofal, otros producir el oro, pero creo que un acto alquímico mucho más al alcance de nuestras habilidades estaría en aprender a hacer el amor debidamente.

Aparentemente, la autoridad económica y física que el hombre pretende frente a la mujer es una forma de reemplazar una autoridad legítima que tenía hace miles de años. Esta autoridad provenía de la seguridad que le otorgaba a la mujer y de la satisfacción que ella alcanzaba al sentirse amada de verdad. Al perder el camino, el hombre cayó en una especie de perenne infelicidad que lo lleva a fantasear sexualmente a menudo, a manifestarse a través de comportamientos violentos, y perderse en el trabajo y la búsqueda innecesaria de la riqueza y trofeos de sus guerras particulares, que son meras pantallas de un problema mucho más profundo. Lo peor de esto es que hombres así tienden a afectar permanentemente a cada mujer que tocan.

¿Por qué afecta a las mujeres que tocan? La mujer tiene energías que solamente pueden ser recogidas y aflorar sexualmente. Esta energía es pura, fundamental, bella, casi divina. Si el hombre fracasa en su intento de recoger esta energía, la energía se estanca. Es un principio físico que toda energía contenida tiende a buscar una forma para seguir fluyendo, es decir que tiende a explotar. Esta explosión es negativa, tanto en cuanto no fluye por donde originalmente debería, por lo que se generan algunas enfermedades físicas, malestares y problemas emocionales entre otros.

Hemos de re-aprender a amar de una forma divina, completa y desinteresada. Esto no depende de técnica alguna, o de experiencia sexual adquirida, sino de la utilización de la energía producto del amor mismo. Aquí surge el verdadero sentido de la autoridad que no es una autoridad manipuladora sino un punto de referencia válido. El que una mujer libere sus ‘energías divinas’ a un hombre que no sea tal, que no sea integro, y que no entienda de que se trata todo esto concluirá con una liberación parcial de esas energías y por tanto un acumulamiento innecesario de las mismas, que se expresa en tensión, infelicidad, preocupación, ansiedad entre otras sensaciones. Según el manuscrito la liberación de la energía divina de la mujer no puede darse por casualidad, bajo ninguna circunstancia. Ni siquiera si la mujer quisiera hacerlo, ni aunque ella quiera entregarse por entera a un hombre, porque éste debe ser capaz de liberar las propias energías, liberar las de ella y absorberlas haciendo las energías femeninas suyas. Vale insistir que la destreza sexual nada tiene que ver con el amor. La construcción del mero placer físico es meramente sexual. El orgasmo es la satisfacción de un instinto básico y no de un deseo ulterior.

Uno de los principales problemas pasa por la sobrexcitación y anticipación sexual que el hombre enfrenta. Esto desata altos niveles de agresividad sexual. Nuevamente, el ejemplo de la Alquimia, digamos que dos elementos (hombre y mujer) deben mezclarse pero para ello deben estar a la misma temperatura. Ahora digamos que la temperatura normal del hombre oscila entre los 25 y 35 grados centígrados. La mujer arranca entre los 5 y 15 grados. Cuando la mujer llega a los 25 grados y se siente cómoda, el hombre ya empieza a marcar una gran diferencia al alcanzar unos 50 grados. Digamos que ella alcanza cómodamente los 75 grados con una comodidad impresionante, mientras el hombre alcanzó hace un rato los 100 y se encuentra a punto de explosión.

Si los elementos no están a la misma temperatura, si hombre y mujer no están sintonizados, difícilmente ella podrá liberar todo lo que tiene por liberar Es que la mujer tiende a darlo todo, mientras el hombre tiende a dar lo que puede, que no es lo mismo aunque suena muy parecido.

Cuenta la leyenda que, originalmente, hombre y mujer poseían una aureola, como la de los santos, pero más larga y ancha, pues se extendía hasta más allá de los miembros extendidos. La aureola femenina era de un dorado más intenso debido a que su amor y la energía que de él se desprendía era más puro. El del hombre era un dorado más débil pues era el guardián del amor femenino. Al hacer el amor, ambas aureolas formaba una sola, más fuerte, más brillante, más intensa. Eran como dioses que basaban su existencia y presencia física en la divinidad de su amor. Esta aureola, individual o compartida, era suficiente para comunicarse, y cuando uno de los dos necesitaba la necesidad regenerar su aureola recurrían al acto del amor.

La construcción del mundo contribuyó al olvido del acto del amor. Se dice que el lenguaje solamente empezó a elaborarse en la medida que la capacidad de amar se atrofió. Es decir que hombre y mujer se olvidaron de ‘estar en el amor’ y lo remplazaron por un decir ‘te amo’, se olvidaron de ser amor, estar en el amor, y hacer el amor. Al olvidar hacer el amor divino no podían alcanzar el mismo estado de iluminación, de amor, de no tiempo, pese a que aparentemente era el mismo acto físico. En consecuencia los niños que empezaron a concebir ya no eran espiritualmente iluminados, sino emocionalmente dependientes.

Poco a poco, el hacer el amor fue visto como algo malo, porque iba corrompiendo la claridad y luminosidad de los espíritus existentes, en la medida que aparecía más y más gente que no sabía como hacer el amor divino y que eran gente sin este resplandor especial. Por esto, algunos seres todavía iluminados decidieron abstenerse de la práctica sexual y guardaron la luminosidad para si mismos. Estos pueden ser considerados los místicos o santos, cuya aureola era mucho más pequeña que la de sus antecesores y de quienes podemos ver imágenes en estampas, cuadros e imágenes en templos católicos. Pero este miedo inicial de los santos y místicos por no hacer el amor se tradujo en un problema para futuras generaciones pues todos olvidaron por hacer el amor por completo….

Puede haber mucho de leyenda en lo anterior, pero, sin duda, enfrentamos un problema cuando se trata del acto de amor en cuanto tal. El camino de una ‘posible iluminación’ pasa por la concientización de que debe haber un problema, dado que los síntomas existen y que una solución colectiva no parece posible. No sé si al hacer el amor con la mujer a la que ame nos iluminemos en una aureola mágica y común, pero ciertamente es necesario tomar y entregar las energías divinas que se desprendan de los dos. Para saber esto no hizo falta leer un manuscrito de Alquimia. Es más un asunto de sentido común y el deseo de estar en sintonía con alguien. Al fin de cuentas, es de lo que el amor debe tratarse.
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67. Historia de un perro callejero en la ciudad
Lo llame Tino y fue mi primer amigo desde que llegué a Rosario. No lo veo desde hace tres semanas que dejé de vivir en Zona Sur y me mudé a una casa más cómoda cerca del centro. Tino era callejero. No sé si alguna vez tuvo un dueño. Su mirada cuando le hablaba me decía que si, pero su forma de marcar territorio con otros perros me decía exactamente lo contrario.

Seguramente este fin de semana vuelva por el barrio y probablemente me encuentre con Tino en la esquina del Supermercado. Él siempre solía estar cerca, aunque nunca le vi una actitud pedigüeña hacia ninguno de los clientes que salía con sus compras . Muy por el contrario, se acostaba con la mirada triste a mirar como otros perros rogaban por un poco de comida, miraba a los clientes entrar y salir, a los viandantes acercase y alejarse pasando junto al metro cuadrado de la acera que había hecho suyo.

Tino se erguía en el barrio como el rey de la selva de cemento, pero su autoridad era disputada por la presencia de otros perros callejeros que invadían su zona. Lo supe desde que lo conocí: Caminaba por Ayacucho cuando dos canes salieron a impedirme el paso con molestos ladridos y movimientos agresivos. Admito que me asusté un poco. Estaba algo distraído y creo haber sentido el mismo temor que cuando tenía solo seis años y el pastor alemán de la casa en que vivíamos me empujó contra una carretilla. Me golpeé la cabeza y recuerdo que me salía un poco de sangre por una cortada que me hice entre la nuca y el cuello.

Mi temor no desapareció del todo cuando Tino apareció y se lanzó con fuerza contra uno de los perros que me impedía el paso. Hubo un par de mordidas de lado y lado, y tiempo suficiente para que yo cambie de acera. Tino me miró y se fue. No espero ni una palmada en el lomo, ni un pedazo de pan, ni un hueso, ni un gracias. No movió la cola, ni miró atrás… Solamente se fue.

- Gracias… Hey, gracias! – Le dije mientras se marchaba, como si él pudiese entenderme. Talvez porque creo que me entendió, y me entendió bien, sólo que en ese momento no le importó.

Tino era el macho alfa del barrio, aunque solo tenía un amigo inseparable, que era un poco más oscuro, con el hocico más largo y más delgado, por lo que le llamé ‘Flaco’. Tino y Flaco siempre se acomodaban juntos para dormir entre las jardineras de la acera, siempre muy cerca del Super Mercado.

Tino era más orgulloso, lo mostraba en su caminar, pero también tenía una mirada tristísima, una mirada que partía el alma y que era una mezcla de‘Yo estuve en Viet-Nam’ con ‘Yo amé una vez’…. Era una mezcla de ‘Yo confié una vez’… con ‘Estoy irremediablemente solo y no sé a donde ir’. Tino sabía combinar todas esas sensaciones en su mirada, pero dotándolas de un aire de desdén que lo hacían fuerte a pesar de la vulnerabilidad que implica ser un perro de la calle.

Estoy seguro que confío, que amó, que lucho y que perdió… Tuvo un gesto que reconocí enseguida en mujeres que han sido lastimadas: Un día se me ocurrió comprarle cuatro pesos de carne picada. Al salir del supermercado se lo ofrecí y abriendo el paquete se lo puse a un metro de donde él estaba recostado. Tino no movió un músculo por la siguiente media hora, y debe haber tenido mucha hambre y hacía mucho frío. No tuve más remedio que irme a casa a vencer el frío, porque él no iba a comer. Al menos, no mientras se sintiera obligado o sintiera que era peligroso comerlo.

Tino, amigo, ¿qué te hicieron? A mí también me cuesta confiar… A mi también me intentaron envenenar alguna vez. No, estoy mintiendo…: A mi también me intentaron envenenar algunas veces… No con carne picada, sino con pedacitos de corazón, con migajas de cariño, con despojos de lo que pudo haber sido una buena amistad. Por eso te entiendo, Tino, por eso no está mal que rechaces la carne molida que te compré hoy. A mi también me han curtido un poco los reveses que tiene la vida... Y créeme, he visto a mujeres rechazar lo que les he ofrecido sin mayor razón que el temor a volver a ser engañadas o heridas.

Es difícil creer cuando se pierde la fe. Tino lo sabía. Yo lo sé. Y posiblemente ella también lo sepa. Casi todos hemos sido envenenados alguna vez. Pero sobrevivimos… Y si no comemos lo que nos ofrecen, terminaremos muriendo de todas formas. El sobrevivir ya nos hace más fuertes, más grandes, capaces de crecer, de elegir, de ganar y también de volver a perder. Son posibilidades con las que debemos convivir.

Tino tuvo noche muy duras. Algunas fueron sumamente frías, y otras sumamente solitarias. Hubo días eternos de mucha hambre en los que la mejor opción era dormir. Hubo días en que sintió que no sobreviviría, porque sus heridas no curaban pronto, o porque la única razón para alegrarse era que sus rivales se habían llevado la peor parte; o, inclusive, el morboso placer que sentía al lamer sus propias heridas. Siempre callejero y con el sol a cuestas, fiel a su destino y a su parecer; Sin tener horario para hacer la siesta y rendirle cuentas al amanecer.

- Tino, amigo, yo también estuve ahí. Yo también soy un sobreviviente. Yo también pasé hambre y frío. Yo también estuve moribundo, yo también me alegre de ver a mis enemigos caer ante mis ojos, y también sentí un placer morboso de lamer mis propias heridas. Estuve ahí, Tino. Te entiendo.

A veces, cuando nos hieren de verdad. Cuando nos hieren tanto que parece que hubiesen tratado de matarnos, tememos confiar. Tememos que aquello que pinta demasiado bueno para ser verdad, sea un vulgar espejismo. ¡Sorpresa! A veces, no es así. A veces, a la vida nos da por sorprendernos. Entonces, mi querido Tino… sigue tu instinto y saborea la carne molida que tu amigo coloca en la acera para vos. Desconfía como regla general, pero permítete confiar cuando las señales te dicen que es posible hacerlo.

La última vez que lo vi, había reaparecido luego de una gran ausencia que me motivó a buscarle por las calles aledañas sin éxito. Apareció renqueante y con una nueva herida a la altura de la cicatriz que ya tenía en el hocico. Parece que nunca aprenderá a protegerse como debería. Me hace cuestionarme si yo he aprendido.

Hay días que temo por Tino. La vida de un perro callejero no es la mejor vida para un perro, o para nadie. Pero sé que de esa forma le gusta vivir. Es bueno ser un macho alfa, ser de todos y de nadie. Pero no deja de ser duro… Lo sé, también estuve ahí. Tino es nuestro perro y es la ternura que nos hace falta cada día más, es una metáfora de la aventura que en el diccionario no se puede hallar.


Callejero - Ataque 77
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66. Pequeñas historias, pequeñas histerias- Una de histerias masculinas - El complejo de Rey Sol
- Voy a ir a visitarte unos meses en Rosario, a tu casa…. Así me presentas a tus amigos futbolistas, salimos con tus amigas, paseamos por la ciudad, salimos a comer… ¿No te parece genial?.- Me dijo como si su presencia fuese a iluminar a la ciudad entera.
- Jaja. NO!
- Jajaja, por qué no?.- Dijo Dennis algo nervioso.

Estaba consciente que no era la respuesta más amigable que le podía dar a Dennis a esas alturas de la situación. Pero hace cuatro mil quinientos setenta y dos pasos que él se había quedado a un centímetro de hacerme perder la poca paciencia que me quedaba. Pero, él, sumido en un estado profundo de inconsciencia y quemeimportismo por los sentimientos de terceros, seguía pensando que pasar tiempo con él es el mejor plan que los mortales podemos tener.

La demanda de trabajo había crecido mucho a inicios del 2007 en Ecuador por lo que me vi obligado a contratar gente, que cumpla las condiciones que buscamos en la empresa para la que trabajo: Que tenga un alto nivel de inglés, que sepan de fútbol y que sean capaces de asistir a los partidos de fútbol que nuestra empresa cubre siguiendo nuestros lineamientos. Así Dennis empezó a trabajar con nosotros.

Sinceramente, hubiese preferido no contratarlo. Es lo que coloquialmente se conoce como un ‘ventajero’, alguien dispuesto a que todos jueguen para él y a no jugar para nadie, una persona de siempre pedir y nunca dar, de tener y no compartir, de derrochar lo ajeno y ahorrar lo propio. En su mundo mágico, Dennis estaba seguro que él era la reencarnación de Luis XIV, talvez por lo de ‘Rey-Sol’. En un universo ‘deniscéntrico’ no había espacios para los intereses de terceros y todos debíamos rendir pleitesía a Dennis I, ‘su Incoherencia Real’ .

De cuando en cuando conversábamos, si a eso se le podía llamar conversaciones. Me ‘deleitaba’ con uno de sus monólogos consistentes en una lista interminable de quejas sobre lo injusta que era la vida y cómo la mala suerte le había impedido ser un futbolista profesional, muy a pesar de sus inmensas condiciones futbolísticas.

La historia la vi mil veces. El mundo está lleno de chicos de grandes condiciones técnicas que no pueden dedicarse al fútbol profesional, es triste, es doloroso. El del ‘Rey-Sol’ era un caso en el que convenía hacer lo que en Psicología se conoce como un ‘trabajo de duelo’. Dennis no encontraba la forma de aceptar su pérdida y se negaba a experimentar las emociones que le producía esa pérdida, que era parte de lo que necesitaba para seguir adelante.

Sin embargo, su presencia empezó a tornarse molesta conforme empezaba requerir ‘más favores’ cada vez. Si aparecía era únicamente para venderme entradas para alguna fiesta con cifras que rondaban los 50 dólares americanos la noche; o para que le hiciese alguna carta de recomendación; o peor aún, para que le haga alguna carta dirigida a su Universidad transformando ‘mágicamente’ las 15 horas de trabajo cubriendo partidos de fútbol para nosotros en una pasantía que le signifique una nota necesaria para graduarse de su carrera. No sé en que momento el consideró que su pasantía y haber charlado cinco minutos con un scout del Real Madrid, al que conoció por mera coincidencia en la cobertura de un partido del sudamericano Sub-17 (que YO cubría, no él), podían volverse una sola bajo la figura de ‘Relacionista Público’ de la empresa, con la que ni siquiera guardaba una relación de dependencia con la empresa.

Antes de venir a Argentina, él había sugerido la posibilidad de que compartamos un departamento al mejor estilo de Chandler y Joey en FRIENDS, sólo que en lugar de New York, en Buenos Aires. La verdad, no conocía ni a uno solo de sus amigos, ni me interesaba conocerlos, y tenía una duda muy grande sobre la fragilidad o profundidad que él podía tener sobre el concepto de ‘amistad’. Un ‘ja-ja’ sobre la marcha y cambio de tema a línea siguiente resolvió el asunto, momentáneamente.

Una vez que se enteró que me vine a vivir a Rosario, el panorama volvió a enturbiarse. Nuevo favor requerido (entre otros más pequeños): Quería que certifique ante un importante banco en Ecuador que él trabajaba para mí, y que ganaba ‘ochocientos dólares mensuales’ por su cargo de ‘Relacionista Público’. PEEEEERDOOOOOOOOON???? ¿Me creía boludo? ¿Creía que los encargados de otorgar crédito o de investigar a los potenciales candidatos a tarjeta de crédito son boludos? A lo mejor, lo son, pero… ¡a mí no me incluyan! ¿No quiere que le traiga un café, un flan con dulce de leche, un budín de pan, no quiere algo más, el señor? ¿No quiere que se lo envuelva todo para regalo? ¡Por favor!

Creo que cuando uno pide un favor a alguien, debe hacer todo lo posible para que le ayuden, y debe tratar bien a quién nos puede ayudar. No era el caso de Dennis. Había dejado de jugar fútbol hace unos meses y ante la posibilidad de rendir un examen en la Escuela de Entrenadores de River Plate, le había pedido a ver si me ayudaba a entrenar y hacer una puesta a punto. No tardó ni cinco minutos en hablar con uno de sus amigos negociantes y entre los dos me pidieron una cantidad desorbitada para entrenarme, una cifra que pasaba de los 500 dólares mensuales por una hora diaria de entrenamiento tres días a la semana. Obviamente, rechacé la oferta inmediatamente.

El ‘Rey-Sol’ continuó con su natural egoísmo, egocentrismo y falta de coherencia hace una semana:

- ¿Estás entrenando en Rosario? ¿En la escuela tienen prácticas?
- Si, claro. Hace unas semanas hicimos un trabajo en grupo
- ¿Ah si? Era de que me preguntes a mí, yo sé del tema.
- Bueno, no hacía falta, yo sé y mis compañeros saben aún más.-
Le dije.
- ¿Quiénes son tus compañeros?

Le mencioné el nombre de algunos de los chicos: Fede, Jorge, Iván, Diego… Nombres siempre relacionados con clubes grandes dentro y fuera del país.

- Eres un maldito suertudo. -Soltó con una especie de veneno y espuma en la boca.

Nunca antes lo escuché en ese plan, y no iba a tolerar una más. Estoy consciente que es una suerte tener a cada uno de mis compañeros y de aprender de y con ellos, pero siempre voy a insistir que yo no he venido a robarle nada a nadie, sino que vine también a aportar. Vine a dar lo mejor de mi, y entiendo que ellos también tienen suerte por eso.

- ¿ Y qué te dice que ellos no son también unos suertudos por tenerme a mí? - Le repliqué enseguida.

Cuando la materia gris es escasa supongo que la risa termina por salirse en los momentos menos oportunos. El Rey Sol se cagó de la risa de lo que le acababa de preguntar. Entendí que era hora de que el paseo gratis se acabe de una vez. Después de todo, él, no sé de donde, pensaba que iba a ser ‘asistente técnico’ de cualquier equipo que yo llegue a dirigir. (Not even in your wet dreams, pal!)

- Jajaja ¿Cómo no? ¿Por qué no? ¿Por qué no puedo visitarte en Rosario?
- Hombre… Sería un poco raro despertarme y encontrarte deambulando por casa.
- Uyy, que comentario tan gay.
- No quieres comentarios gays, no hagas preguntas gays
.

Independientemente que la respuesta no tenía nada de ‘gay’, y que cada vez se manifestaba de mejor forma su poca capacidad de leer su propio entorno, era evidente que quise ponerle anestesia a lo que le iba a decir a continuación.

- Mira.- le dije. Si vas a venir a Rosario, todo bien. Puedes quedarte en la ciudad todo el tiempo que quieras, es una ciudad de gente libre. Pero, por lo que a mi concierne, te invitaría a almorzar, un café, por ahí te muestro el Monumento a la Bandera, y mucha suerte en tu estadía. Mis amigos SON MIS AMIGOS, mis compañeros SON MIS COMPAÑEROS, mis amigas SON MIS AMIGAS. Acá tengo mi vida, mis espacios y tiempos, mis responsabilidades, y mis estudios, y no me gusta que eso se altere, ni que quede expuesto.
- ¿Por qué dices eso, che? Por lo que dices, no somos amigos.
- ¡Es que no somos amigos! – Le dije ya exasperado
- ¿Entonces que somos? - Dijo con un tono de confusión, que no me podìa creer.

Luego se quejaba que uno responde con comentarios gays y ahí estaba la pregunta incómoda del día, de un tipo que tiene un nombre que me suena a nombre de mina, y que tiene la voz finita.

- A ver, yo te he ayudado porque me has pedido ayuda. Y es lo que mi creencia me dicta. Intento darle mi ayuda a toda persona que viene a mí. Pero, afróntalo, no me conoces, no sabes lo que quiero, no sabes quien soy, ni a dónde apunto o voy, ni que me duele, ni cuando estoy bien o mal… Nos hemos limitado a las tareas del trabajo y ya. Eres un conocido del trabajo que me pide favores.
- Ok. Todo bien. Lo has dicho todo. Suerte y gracias por todo.

No sé si se despidió de esa forma o volverá a aparecer más adelante. Espero que eso haya sido todo.

Me molestó mucho la forma mediocre de afrontar la vida, de no querer aceptar el hecho que no podrá dedicarse profesionalmente al fútbol y acusarlo todo a la mala suerte. Me molestó el desperdicio que hacía de las oportunidades de capacitarse que tuvo para tener otras opciones de enfrentar la vida sin el fútbol. Me molestó su forma de ser mal agradecido y de subestimarme.

Voy a hacerle un favor. Voy a decirle el porque no triunfó, para que se deje de acusar a su falta de suerte. Obvio, no se lo voy a decir personalmente, sino que el favor tiene el precio de publicarlo aquí:

No triunfaste no por tu falta de suerte, ni porque no fueras un buen jugador, ni porque la gente te envidia. No triunfaste porque NUNCA lograste entender el juego. Nunca entendiste AL FUTBOL. Nunca entendiste que el JUGADOR DE FUTBOL DEBE SER SOLIDARIO, no es una muletilla, sino que es una verdad de la que no se puede escapar. El fùtbol es un cristal donde se refleja la sociedad, y así no se vive bien. Siempre intentaste escapar solo, hundiendo a los demás… Nunca te pusiste a pensar que la estructura alrededor del juego y dentro de él está dada para que seamos solidarios, inclusive contra quienes jugamos, porque también son compañeros de profesión y de vida.

El otro día, antes de empezar a escribir esta entrada, hablaba con Jorge, uno de mis amigos que jugó en uno de los grandes clubes de la ciudad y que practica lo que predica.

- Jorge, vos siempre decís que el futbolista tiene que ser solidario, no?
- Claro, porque el que piense en salvarse por sí mismo, terminará por desaparecer…

Y así, como si fuese una terrible profecía. El Reyezuelo fue destronado, el sol se vio rodeado de estrellas de tamaño gigantesco que opacaron la poca luz que daba. Era un sol triste que empezaba a apagarse, pero eso no era lo peor. Lo que llamaba la atención era que su ensimismamiento no le dejaba ver, ni recibir el brillo y calor de tantas estrellas cerca suyo.

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65. La verdad sobre mi última relación
Hay que decir las cosas como son: Suzannah me gustó por bonita, por tener un rostro lindo, y punto. Alguna vez dije que a las bonitas tiendo a perdonarles los errores no forzados. Pero no sabía que también tendía a encontrarles virtudes que no tenían. Creo que es algo perfectamente normal. Los hombres solemos pensar que una mujer físicamente bonita puede ser inteligente, interesante, divertida y psicológicamente sana, que son cuatro cualidades difíciles de encontrar en una persona hoy en día. Sea bonita o no.

Ahora bien, Zannah no era ni tonta, ni aburrida, ni amarga, ni estaba loca, pero tampoco destacaba por su brillantez, ni era tan divertida, ni tenía una conversación entretenida. Estaba psicológicamente en buenas condiciones, pero aparte de la belleza de su rostro, no es que se tenía alguna otra cualidad que en verdad yo pudiera encontrar atractiva.

De hecho, la única virtud por la que destacaba terminaba fastidiándome: Era buena con todo el mundo.

Ser bueno con todo el mundo nunca es buen negocio. La bondad en sí no es mala, lo que es malo es el ser bueno de de cara a la galería, más por el temor de quedar mal con alguien, que por convencimiento de que le nace hacer lo que está haciendo. Esto muchas veces lleva a herir susceptibilidades, a confundir afectos, a tropezarse con la boludez propia y atraer la ajena, y también a un alto grado de indefinición hacia lo que en realidad es importante para uno. Todo esto se envidenciaba en su forma de hablar cuando la palabra que más pronunciaba era ‘perdón’. Si se le ocurría escribir una canción esta pudo haberse llamado ‘Sorry seems to be the easiest word’.

No creo en las coincidencias, pero si en las señales y en este caso todo parecía señalar que debíamos estar juntos. Cumplimos años el mismo día, nos gustaban las mismas cosas, nos entendíamos bien en lo superficial, se nos veía muy en sintonía y una serie de eventos que nos ocurrían nos recordaban constantemente al uno del otro.

- Este fin de semana fui a la selva. Vi un escorpión en la pared, me acordé de vos.- Decía ella, por el signo del zodíaco.
- Vi el arcoiris y pensé en vos
- Decía yo.-
- Es curioso, mi mamá me llamaba ‘Rainbow’, cuando era chica. (Arcoiris en inglés).

No fueron ni tres, ni cuatro, sino una larga lista de eventos inexplicables que inevitablemente nos tenían pensando el uno en el otro la mayor parte del tiempo. Sólo que ninguno de los dos terminaba de verla clara. Ella era demasiado simple para mí. Yo era demasiado complejo para ella. Complejo, no complicado. No es lo mismo. Simple, no fácil, tampoco es lo mismo.

La química empezaba a aparecer a base de estas extrañas eventualidades que nos acercaban y a la diferencia de edades que provocaba una sensación de seguridad en ella y un toque de energía en mí.

Salimos algunas veces antes de decidirnos por mantener una relación, prácticamente a escondidas, porque sentimos que había una incómoda presión por parte de terceros. Se vinieron demasiadas preguntas, demasiadas averiguaciones, demasiados ‘yo-opinos’ y ‘yo-creos’ que hacían pensar que estuviésemos hablando de Cristiano Ronaldo saliendo con Elsa Pataki. ¡Y no! ¡No era así! Se trataba de dos personas que nos gustaba mantener un perfil más bien bajo. Su timidez congeniaba bien con mi hermetismo. Pero ella empezó a sentir una presión inusual cuando empezaron las preguntas: ¿Te gusta Juanka? ¿Cómo pasaron la otra noche? ¿Qué hicieron? ¿Qué comieron? ¿Qué te dijo? ¿A dónde fueron? ¿Te gusta Susanne? Nunca antes quisieron saber nada de mi vida, y ahora querían saberlo todo… No lograron aprenderse su nombre, pero querían saber si yo le gustaba y cuánto… ¿Es mi impresión, o algo raro estaba pasando? El secretismo que usamos para proteger una relación que nación débil, prematura e insípida se había vuelto en nuestra contra activando la curiosidad y el morbo de nuestro entorno.

Suzannah puede ser definida como una ‘chica- helado’, era tan dulce como fría. Y yo, que me rehusaba a pensar en ella como una persona fría me dedique a generar calor a base de cortocircuitos en su forma de pensar y de sentir para que empezase a dejarse llevar por la necesidad de calidez que ella sentía dentro de su alma. Ella cambió para bien, entendió que las cosas podían ser diferentes para bien, que podían ser mucho mejor de lo que ella estaba acostumbrada.

Sin embargo, esa maldita manía de ser buena con todo el mundo, esa molesta forma de aceptar cualquier plan sin importar de quien venga y de decir sí cuando quería decir no podía ser una combinación explosiva con mi poca paciencia ante la molesta intervención de terceros.

Seamos más claros: Yo me comí el amague y caí en la trampa. Arruiné lo que yo mismo había planificado como una noche mágica para su despedida. La arruiné mal, porque soy consciente que pude haberla arruinado bien, pero eso es otra historia, que algún día contaré.

Vale la pena reconocer mis errores. Fue la última vez que mis impulsos me perdieron. Soy mucho más equilibrado ahora. Me sentí obligado a actuar así porque con ella siempre sentía que tenía el tiempo en contra. Aparte de que su estadía en el país era temporaria, también tenía el defecto de mirar el reloj cada cinco minutos, algo que no se debe hacer si uno está pasándolo bien.

Desperdicié mucha energía y gasté demasiado tiempo. Me duele más por el tiempo, porque no vuelve más.
También reconozco que dí demasiado. ¿Cuándo todo lo que uno da es demasiado? Cuando la otra parte da mucho menos de lo que puede, cuando no quiere dar, cuando no sabe como hacerlo… Aquí solo tengo un justificativo. No sé otra forma de hacer las cosas.
Fui en exceso paciente. La paciencia se vuelve excesiva cuando cae en la permisividad.
Perdí serenidad ante la presión de los tan mentados terceros. Insisto, era más joven y más impulsivo, La presión me fastidiaba.
No es buena idea apostarle a quimeras. Esta vez se me ocurrió hacerlo y perdí.

Algunas personas dijeron que yo estaba muy enamorado. Falso. No estaba ni muy, ni enamorado. Algunas personas dijeron que yo era un tipo impulsivo. Falso. Solo que no soy boludo. Algunas personas dijeron que había perdido a la mujer de mi vida. Falso. Todavía no nos encontramos con ella. Algunas personas dijeron que ella se olvidaría de mi pronto. Falso. Aún le toma tiempo. Aún siente esa corriente eléctrica en su cuerpo cada vez que se acuerda de mí. Algunas personas dijeron que ella no valía. Falso. Valía más que aquellas personas. Algunas personas quisieron darle una importancia épica. Falso. Suzannah estaba muy lejos de ser Helena de Troya. Y definitivamente, yo soy Odiseo, no Menelao.
Algunas personas se equivocan constantemente.

Esta es la verdad sobre ‘mi última relación’. Sé que no es precisamente una carta de presentación. Me sirve para saber lo que no quiero que se repita.
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64. Loaded (Dame más) - Ricky Martin

No sé si hay una canción que sea mi criptonita, pero esta canción de Ricky Martin me produce un efecto de ‘poción mágica’ para el pueblo de irreductibles galos comandados por Asterix. Me hace sentir invencible.

El día de mañana podría: Ponerme los cuernos mi mujer con mi mejor amiga, descender el Fútbol Club Barcelona a segunda división, Chávez ser declarado el emperador de Sudamérica, Gabrielle Anwar declarar públicamente que me odia, y algunas que yo me sé desperdiciar sus vidas con algún imbécil inoportuno que pasaba por ahí en el momento oportuno; que mientras exista esta canción estaré a salvo.

¿Qué tiene? Un exceso de energía que hace que sea mi versión siglo XXI de I’m singing in the rain de de Gene Kelly. Se supone que Gene Kelly la canta para expresar su sensación de estar enamorado. ‘Loaded’, para mí es estar enamorado de la vida.

El video tiene un aire de coquetería, encanto, elegancia y estilo. Me hace pensar en mis amigos, que se quedaron por el mundo y en los que estoy haciendo acá en Rosario; En esas noches que uno, erradamente cree que puede comerse el mundo, que curiosamente son las mismas noches en que uno, erradamente, acaba comiéndose al mundo.

Tantas veces quise creer, para luego perder la fe. Cada día me levanto creyendo. Creyendo en mí, creyendo en vos, creyendo en ella y en él, en todos nosotros, y en ellos; En este país y en tantos otros y tarde o temprano termino perdiendo la fe. ¿What’s wrong with you, people? Y a veces también pierdo la fe en mi mismo ¿What’s wrong with you, person? Pero sigo volviendo a creer… ¿para qué? Para volver a perder la fe. Es un juego divertido, porque recuerdo el ayer, y aquellas noches de placer… Nunca me basta, quiero más.

Esta canción habla de las mujeres que me gustan y que dejaron de gustarme, y de las que aparecen en versiones mejoradas, para volver a tropezarse, reinventarse, conquistar y fracasar, vuelven las primeras, se van las últimas, vuelven las últimas, se van las primeras… Y yo sigo volviendo a creer, ¿para qué? Para volver a perder la fe… Pero recuerdo el ayer, aquellas noches de placer. Nunca me basta, quiero más.

Loaded es estar repleto. De dicha, de alcohol, de dinero… En este caso es de dicha, de energía, de ganas…

Why, oh ,why am I gonna play? So many times it goes this way. My heart gets blown away… These eyes are born again. Do you remember how we were? Do you remember summer days? Sometimes I feel like going down down…

Dime para qué quiero jugar? Muchas veces mis conversaciones/relaciones van (a morir) al mismo punto… Mi corazón resulta disparado… Pero mis ojos vuelven a nacer. A veces con un dolor intenso, podemos verlo todo más claramente. ¿Te acuerdas como éramos? Cómo éramos la otra noche,… ayer… el último verano… ¿Te acuerdas como éramos en otras épocas, otros siglos, otras vidas? A veces siento que todo va para abajo… ¿Para qué sigo creyendo? Para volver a perder la fe…. Pero recuerdo el ayer, aquellas noches de placer. Nunca me basta, QUIERO MÁS.

Dame Más - Ricky Martin

Ella baila con swing
Eso me gusta mi
Veloz como un homerun de Sosa
Esta rica esta sabrosa
¡Mírenla bien!
Ella es todo para mi
Soy su perro fiel
La quiero muy dentro de mi

Ella me atrapa con su red
Con sus encantos de mujer
Tantas veces quise creer
para luego perder la fe

Pero recuerdo el ayer, aquellas noches de placer
Nunca me basta, quiero mas, más!

Dame la libertad
para entrar en tu alma hacerte soñar
Suelta la piel
Aprieta el control
Mueve ese cuerpo hazlo con sabor
Y ahora dale,
no pares,
no dejes de bailar
que la fiesta es una fiesta, goza!

Ando muy feliz
Vagando por ahí
No me hables de problemas
Yo te juro soy de roca
¡Que bello es vivir,
sin miedo de seguir!
¡Mírenla bien
La quiero muy dentro de mi!


www.youtube.com/watch?v=Z1Lwq-QHNX0
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Interludio - Pequeño chascarrillo de la gripe porcina
Y si no saben Inglés? Ríanse por compromiso. Y si van entendiendo, dejen comentarios. Cómo dice mi profe de didáctica 'si algo no preguntan, o no comentan... es porque no están entendiendo'. Luego van a quejarse que a mi no me preocupan mis lectores, que les conozco!



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63. De los Nescafés a los Havanna (con sabores de cubana)
No había escuchado antes el nombre de ‘Maiela’. Ciertamente, no hubiese sido mi nombre favorito. Jamás se me hubiese ocurrido ponérselo, eventualmente, a una hija. Pero había mucho de Caribe en ese nombre, aunque también había algo que no terminaba de gustarme. Era como que fuese el nombre de una enfermedad.

‘¿Vecina, como anda?’ ‘Acá, todo bien. Vengo del centro médico. Llevé a Raulito a que lo vacunen contra la malaria, la difteria, la rubeola y la maiela.’ Ese es solo un ejemplo. Habría otros: ‘¿De qué murió?’ ‘De maiela, llegamos demasiado tarde. No pudimos diagnosticarlo a tiempo’. O un titular de la prensa deportiva: ‘Será baja durante los primeros meses del año debido que contrajo maiela en un viaje al Caribe’.

Más allá de la cargada, Maiela Revuelta se convirtió en una enfermedad personal, que con la ayuda de una multinacional grande, como es Nestlé, me estaba estropeando las tardes en Quito. No es que la multinacional tuviese algún problema conmigo, si no más bien que habían quedado muchos asuntos, no pendientes, pero sí mal resueltos con la cubana.

¿No es de risa? ¿Cuáles son las posibilidades de que se empapele la ciudad y que la televisión pase comerciales con la chica con la cual uno había salido y a quién no quería ver más, como imagen de Nescafé? ¡Con lo que me gustaba el mokaccino de Nescafé! La ironía era completa porque me recordaba a esa vez que fuimos a ver ‘Along came Polly’ y pedimos unos cafés para sentarnos y conversar hasta que empezase la película. Ahora en cada local de Nescafé estaba ella: Con expresión de frío, abrazando con sus pequeñas manos la taza de café, soplando el humo que salía del jarrito con esa boca que decía muérdeme. Ahí estaba ella en otras imágenes, con los labios manchados de café, con el cabello negro, rizado, enmarañado, con esa sonrisa de ángel, no vengador, sino vengativo. Si, ella era un ángel vengativo y equivocado, siempre equivocándose, pero siempre dejándose mirar y provocando.

Iba al teatro y ahí estaba ella. Veía algún partido de fútbol en televisión y salía Maiela tomando café. Inclusive, en los ándenes de la estación de trolebús me encontraba ‘con ella’ día a día. A veces le hablaba. No le decía mucho. Solamente la miraba y le decía ‘¿Se puede saber de que te ríes tanto, qué es lo que te hace tanta gracia?’ y seguía caminando para abordar el trolebús que estaba por salir. Sin embargo, Quito con sol, a las cuatro de la tarde era una ciudad que me provocaba nostalgia, melancolía, deseos de revancha, alegría y rabia. Todo junto, porque soy una complejidad caminando. No sé porque tantos sentimientos… Nostalgia y melancolía del pasado, ‘del pudo ser y no fue, porque la vida es como es, nos dio la vuelta del revés…’ que canta Alejandro Sanz. A lo mejor revancha y rabia, porque ella era mucho más mediática que yo; y la alegría de saber que soy capaz de experimentar tantas emociones juntas y mantenerme sereno, intacto, capaz de adormecer cualquier intento de rebelión interior por parte de un corazón que se olvidó de sentir y que empezaba a recordar como hacerlo.

Una tarde salí antes de casa, para que no me agarrase la sensación compleja de las cuatro de la tarde en el andén. Tuve que cambiar de ruta, necesitaba algo de efectivo así que fui a la sucursal del banco que queda en el Shopping frente al parque. Mientras saludaba a Otón, un viejo amigo de la radio de la universidad, la vi nuevamente. Solo que estaba vez no tenía café en la mano, estaba ahí, pasando a escasos dos metros de mí, con un acompañante al que no le di la menor importancia.

Maiela, pequeñita, caminaba como siempre, riendo…

‘¿Se puede saber de que se ríen? ¿A qué le encuentran la gracia? – Le dije a Otón.
‘¿Cómo?’ – Preguntó Otón notando que yo solamente sacudía su mano despidiéndome.

La reconocí al pasar por cada elemento tan propio de ella: por su sonrisa fascinante y fascinada; por su belleza contaminante y contaminada; Maiela, pequeñita, de pechos pequeños, cola exagerada y tez del mismo color que un mokaccino cuando alcanza la mansedumbre… muy Caribe, muy Cuba, muy Isla de la Juventud…La reconocí por su mirada hiriente y herida, mirada negra, más negra que obsidiana quemada; la reconocí por su bondad rescatadora y rescatada, extraviadora y extraviada. La reconocí, la seguí tan rápido como pude y detrás de la gente la perdí.

Quería que me vea, talvez porque había perdido mi aire mediático. Pero también me había vuelto un tipo más interesante, más fuerte, más poderoso, más atractivo. En verdad, me sentía así y quería que lo note. Aunque, debo reconocer que había mucho de innecesaria vanidad en este gesto. ¿Para qué, para qué quería que ella lo notase? Había algo de infantil en querer restregarle el hombre adulto que me empezaba a sentir en sus ojos, había rasgos de dolor en ese gesto, había rasgos del niño que aún se negaba a salir en esas actitudes.

Así que dejé que se marchase cubierta por una ola de gente que la escondió con facilidad. Me sentí un poco frustrado, ya no porque ella no me viese, sino por haber caído en la cuenta de esos rezagos de inmadurez en mí. Me sentí un poco fastidiado. Por primera vez, en mucho tiempo, me había cansado de estar solo. No quería estar con Maiela, que por más linda, mediática e imagen de Nescafé que fuese, seguía teniendo nombre de enfermedad. ‘¿Ya te mejoraste de la maiela aguda que tenías?’

-‘Si, con toda seguridad puedo afirmar que… creo que sí’- Sería mi respuesta.

Ese día me dio ganas de tener novia y de llamarla ese momento, de irme a su casa o a recogerla del trabajo. Siempre es bueno tener alguien que te abrace cuando acabas de ver un fantasma, aunque no tengas miedo es una sensación extraña. Pero ahora yo era otro, más fuerte, más poderoso, interesante y atractivo, pero sobretodo más valiente y eso me hacía inmune a cualquier tipo de Maiela.

En el aeropuerto internacional de Quito, en la última puerta que separa a los viajeros de los que van a despedirse, se puede ver por última vez a Maiela antes de salir del país. Admito con orgullo que no la vi, que no me hizo falta, que no sé si regrese por esos pagos pronto y que si regreso no sé si ya se habrá erradicado la Maiela para siempre. No sé si la vuelva a ver y si sienta que miro un alma en pena, un fantasma, una imagen que toma vida y arrastra cadenas, una mulata encantada y encantadora, que me había enseñado a que sabe el café y el desencanto. Saben parecido, pero no son lo mismo.

Cuando le conté a mi amigo Víctor esta historia me preguntó si había cambiado mucho mi vida luego de Nescafé, Maie y sus pequeñas dosis de Cuba.

- Si . – Afirmé con fuerza lleno de dudas.

La verdad Soy muy bueno recordando el pasado, pero muy malo sufriéndolo, o volviéndolo a vivir. Al recordar no lo sufro, ni lo vivo, solo lo miro con detenimiento, intentando no caerme en el mismo hueco dos veces.

- Si.- Volví a afirmar, para sacarme las dudas.- Ahora no tomó más mokaccinos en Nescafé. Ahora me gusta venir tomar café en los Havanna.
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62. Pequeñas histerias, pequeñas historias - Aumento de busto, disminución del gusto, multiplicación de disgustos...
- ¡Holaaaa!
- Hey, ¿ cómo vas? ¿Cómo va todo?

Luego de tres días:

- ¡Hola!
- Hola… Saludaste y te fuiste el otro día. No es la primera vez que haces eso. ¿Andas muy ocupada?
- Si más o menos…
- ¿Qué ha sido de tu vida? No he sabido de vos en mucho tiempo.


Luego de varios días:

- Hola
- Hey, que tal?
- Acá, pirateando la señal, todavía en pijama, limpiando la casa.
- Ahh, terrible…
- Le contesto ya no con el mismo ánimo de otras veces de saber de ella.
- Le ví a Maradona el otro día.
- Ah si?
- Si, y a todos los de la selección argentina. Insoportable.
- ¿Si? ¿Qué te hizo?
- Cara de aburrido. Fuimos al Marriot cuando vinieron.
- O sea, no te dijo nada
.

C. es una chica linda, a la que incluso le podía hallar ciertas similitudes con Rachel Green (Jenifer Aniston en F.R.I.E.N.D.S.), pero también era una chica que tiene ciertas actitudes de lo que se denomina ‘histeriqueo’. Desaparecer, portarse linda, volver a desaparecer, proponer algo, fallar en su propia propuesta, volverse a portar linda, desaparecer por tres meses, llamarme para contarme que estaba saliendo con algún viejo (físicamente viejo), constituían ejemplos claros de un histeriqueo depurado. Se notaba que en su casa no le dieron unas buenas nalgadas de chica, al menos algún correctivo y que ella desarrolló una irritante atracción por tipos viejos. Y no te hablo de George Clooney, que es un tipo grande, pero que está bien conservado… o de Richard Gere… Sino más bien sería como andar por los 28 o 29 años y morirse por Caruso Lombardo. De esas cosas que no se entienden, y que tampoco pensaba explicarlo con ninguna 'teoría psicológica'.

Ahora le daba por meterse en camisa de once varas. Diego Armando Maradona no es el director técnico de mi preferencia para la Selección Argentina, pero… ¿considerarlo ‘insoportable’ porque tiene ‘cara de aburrido’? A lo mejor debería haberse realizado una cirugía plástica que le dibujase una sonrisa, no a lo Heath Ledger cuando actuó de Joker, sino una sonrisa que le diese un aire de Tom Cruise para que la señorita C. lo considerase ‘medianamente soportable’. Maradona tiene parte de la culpa por ser Maradona, ya que tiende a caerle mal a mucha gente con el solo hecho de pasar por ahí. A mi, Diego me cae bien porque es un ídolo de la infancia y esas cosas son prácticamente inalterables.

- No, lo que pasa es que nos colamos por donde pasan la comida a los salones y les vimos a toda la selección en la cena. Hasta que vino un tipo de la AFA y nos sacó con pura groserías y pedante.
-
Si, que raro el de la AFA que no los haya invitado a quedarse y cenar con ellos.- le digo con mi encantador toque de sarcasmo.
- El Pablo quería quedarse. A mí me indigno. Ni que fueran dioses y uno tener que estar rogando.
- ¿Quién es Pablo?
- El vejete.
- ¿Tu jefe?
- No, si te conté
- ¿Con el que andas? Vos si que tienes gustos raros. Lo entendería si fuera alguien mayor, pero que se yo… En mi caso si se conservase como Katherine Fullop.
- No, el también es lindo, no se le nota lo vejete.


La verdad es que si se le nota. Mostaza Merlo podrá dejarse la cabellera larga, pero no por eso se le ve más joven. Es casi lo mismo. Hace años que C sabía que hace mucho tiempo me gustaba, pero tiene cierto placer en provocarme con lo que dice o deja de decir. No sé que esperaba. ¿Que les pusieran unas sillas extras en la mesa de Messi para ella y su amigo? ¿A lo mejor esperaba que Andújar les cediese unas medialunas? ¿Quizá quería que Mascherano, en su calidad de capitán les de la bienvenida y sonría ante la ingeniosa ocurrencia de haberse colado por el pasillo de los mozos?

- ¿Vos no me has visto luego de la operación?- dijo.
- Si, recuerdas que te dije. ‘Algo te has hecho, estás distinta’?
- Ah, si en el cine… Pero también me puse las ‘chichis’. (ecuatorianismo para referirse a los pechos femeninos)
- Lo del aumento de pecho no sé, estabas con campera.
- Las chichis son un accesorio, pero lo más lindo es mi nariz.
- No sé. Ya eras linda.
- Si, pero nunca me sentí bien con mi nariz.
- Debería operarme los párpados para tener los ojos más grandes.
- Si no tuvieras los ojos rasgaditos, no serías Juanka.

Creo que es lo más inteligente que dijo todo el rato y no lo notó. Lo peor es que se trata de una chica que yo considero inteligente. ¿Por qué si yo me cambio los ojos, no soy yo, pero si ella se cambia la nariz sigue siendo ella? ¿Sigue siendo ella o se puso en evidencia con su respuesta? ¿Por qué no se daba cuenta que dijo ‘nunca me sentí bien con MI NARIZ’? Era suya, y como dije antes, no era fea… Pero bueno, también Rachel Green se operó la nariz. ¿’Las chichis son accesorio’? O sea que una chica va por una rinoplastia y le dicen: Señorita, hoy es dos por uno. Adicionalmente, tiene una operación de tetas y le teñimos el cabello.

¡Perdónenme, pero discúlpenme! Lo de las ‘chichis son un accesorio es más falso que billete de dólar celeste. Es una de las operaciones más notorias que puede haber, especialmente porque hombres y mujeres del medio de la ‘despechada’ van a notar un cambio de esa forma. Para mí, la operación del pecho funcionaba como distracción de la rinoplastia, y a su vez la rinoplastia funcionaba como distracción de la operación del pecho.No soy psicólogo, pero entiendo a las mujeres.

¡Una operación de aumento de busto no es como pedir un zapato con dos centímetros más de tacón! No es accesorio. ¡Te están metiendo cuerpos extraños en las tetas! ¡Te están metiendo bisturí! ¡Estás aspirando anestesia! Aparte que el costo de la cirugía no debe ser para nada accesorio.


En definitiva, que yo no sé como C. piensa ahora. No tengo idea como es que C. se siente la mayor parte del tiempo. Con su nueva delantera, desconozco su cuerpo… y con su nueva nariz desconozco su cara. Nunca la conocí tanto como para tener algún vestigio de su alma. Y resumiendo, ¿quién es C?
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61. Instructivo femenino básico para sorprenderme
Debería decidirme a retomar la escritura. Han sido días de resfrío, de ver el mundo desde adentro de mi pequeño departamento, de pensar en las cosas que he logrado, en las que voy logrando y en las que no he alcanzado aún. Han sido días de contemplación, porque estoy en Rosario y es una ciudad que merece contemplarse.

Rosario es una ciudad en la que uno podría enamorarse cada tres minutos, o cada cuadra, lo que ocurra primero. Pero no hablo de esos amores por los que uno mata y muere, que no me han pasado. Hablo de esos amores que duran una película, en los que también se muere y también se mata, pero se revive para un próximo estreno. Esto no habla mal de la mujer rosarina, lo sé. Habla mal de mí que aún no he llegado a profundizar en el conocimiento de nadie. Tampoco es tan grave, llevo acá poco tiempo.


Pero hablaba de esos amores a primera vista, que son tan válidos… y que llenan tanto cuando vos no estás. Porque en ese vacío, aunque no es tan inmenso, continúa siendo vacío, y aunque sea con todas las fotos mentales que puedo tomar intento llenar, sin riesgo de que ellas me aturdan.

No sé si le puedo dar nombre propio al vacío tuyo. A lo mejor es más fácil si le doy un nombre, pero a lo mejor es demasiada responsabilidad para vos, y no sé si vas a poder. No sé si quieres poder, porque a lo mejor es más un asunto de voluntad y no un asunto de posibilidad. Más de actitud que de aptitud. Aunque te llames Belén, Vanessa o Cecilia… ¿Qué más da?

Recientemente leí que alguna web catalogaba a Buenos Aires como la tercera ciudad con fama de tener las mujeres más bellas en el mundo. ¿y Rosario? ¿No sabían que existía Rosario? ¿No sabían de la fama de las rosarinas en Buenos Aires los que hicieron el artículo? Mejor, mejor. No me gusta compartir. Así puedo apalear mejor tu vacío… te llames Fabiana, Sabrina o Victoria ¿ Qué más da?

Creo que me voy quedando con menos corazón. Lo voy desmigajando y dando de comer a las imágenes que encuentro y que poseo, simplemente como imágenes que se quedan en mi mente, sin que las toque, sin que invada su entorno, como una especie de poderoso Dios que acepta su existencia, sus angustias, preocupaciones, gozos y alegrías.

Ahora vivo en otro orden. De hecho vivo algún orden. He cambiado algunas cosas. Si vinieses encontrarías la mayoría de cosas en el lugar que deben estar. Y encontrarías muchas otras esperándote. Aún no sé donde dejé a todos mis amigos. ¡Cuánta razón tenían los que me decían que iba a perder algo, algún día, por desordenado! ¡Toma! ¿Dónde andan los amigos?

Hoy pienso que por fin estoy aprendiendo una de las lecciones más importantes de mi vida: ‘A no esperar nada de los demás.’ Cuando no espero nada de vos, siempre me sorprendes… De hecho, no solo vos, sino todas ellas… Las que guardan un tibio reflejo tuyo, pero no te llegan ni a las rodillas. Se llamen Milene, Andrea o Paulita. De vez en cuando, sucede, que me cambias la jugada de laboratorio que te da por abandonar el guión y decir lo que en verdad te pasa, lo que en verdad sientes, te da por buscarme y te ves más linda.

Ya te lo dije una vez, pero no te queda claro… Te cuesta más entenderme. No te culpes, casi nadie me entiende. Y no lo digo como quinceañera, con zapateo rebelde yéndose para su habitación. Lo digo con total resignación. A vos te cuesta entenderme, pero estás cerca, muy cerca. Pero te cansas… No te culpes, casi todo el mundo se cansa….

Y por eso a las tres de la mañana, duermo profundamente, porque no espero tu llamada… Ahí sería el momento preciso para llamarme aunque me de un vuelco al corazón. Servirá para recordarme que tengo uno, y que se yo….

- Hola… ¿Estás bien?
- Si, hola… solo llamaba para escucharte. Sé que es tarde…
- No importa. – diría yo, tratando de abrir los ojos con un restriego de puños.- A lo mejor, te soñaba ahora mismo.


Pero no, no es así. Y yo duermo, y duermo profundamente. A lo mejor, ya ni sueño con vos. Porque estaré ahí, dormido en mi cama, semidesnudo y semi-inerte, sin esperar nada, ninguna sorpresa, ninguna emoción… Por eso mismo: Ahí es el momento y el lugar. Llama, aunque despierte. Dame un mordisco en la oreja, mándame una carta desde donde estés, envíame un email desde dónde estás… Si no tienes que contar, menciona que es miércoles y que solo querías que te escuche. Yo no tengo mucha a gente a quien escuchar, y rara vez recuerdo que día es hoy.

La próxima vez no te vayas a dormir cuando te sientas cansada y tengas que cursar al día siguiente. La próxima vez avísame que quieres verme y que ya sabes dónde y cuándo. La próxima vez reclama el protagonismo que crees que te mereces, porque YO ya no lo creo y porque es mejor no esperar nada de nadie. La próxima vez dame un beso y vete sin decir adiós. Regresa, abrázame, y cántame una estrofa de tu canción preferida. Regálame flores, ándate a tu casa, enciérrate en tu cuarto, arrójate sobre tu cama y contempla el tumbado. Piensa en mí con intensidad al punto que te duela la cabeza, piensa en mí con coraje al punto que me odies por no lograr descifrarme, piensa en mi con lujuria hasta al punto de masturbarte o hacerme una llamada obscena, piensa en mí con ternura al punto de querer abrazar y proteger al niño que fui, al niño que soy y al niño que siempre seré… Piensa en mí hasta al punto de prolongarme en tus sueños… Piensa en mí y toma el próximo colectivo que sale en la estación de Retiro…. Sorpréndeme, porque conmigo es fácil perder, pero vos nunca fuiste fácil.

Por eso piensa que soy un sueño,
sueña qué pienso, mándame un
beso, llámame un día de estos.
Estoy en el metro sin cobertura,
y en la parada de tu cintura,
y alégrame ésta triste figura.
Cuéntame un cuento, dame locura,
porque sino luego me lo invento


(Tragicomedia - Estopa)
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