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24. Aprender a encontrar el equilibrio en una relación de pareja

Posted by Juan K Peña on martes, junio 03, 2008
Creo en el amor, por eso estoy seguro que aún no lo he encontrado.

Pienso que todas mis relaciones anteriores terminaron porque tenían que terminar. Talvez aun quiero creer que amor no era ‘solo eso’. Aún quiero creer que el amor tiene que ser algo más. No solo para mí, sino también para ella. Sea quien sea mi compañera, mi novia… Siempre quise mucho, pero nunca me he enamorado.

Creo en el amor, pero también creo en el equilibrio como la base de una relación. Equilibrio que viene a ser un concepto mucho más complejo del que inicialmente me imaginaba. Hombres arriba, mujeres abajo. Mujeres arriba, hombres abajo. Yo mando, vos obedeces. Yo sugiero, pero hacemos lo que vos digas. He visto de todo, pero siempre he tendido a sugerir la búsqueda de un equilibrio.

Para que las cosas funcionen, en cualquier lado hay que hallar ese punto de balance. También creo que este concepto debe ser manejado con pinzas. Entre dos personas siempre puede haber un punto de equilibrio, sin importar lo distantes o distintos que puedan ser. Claro, no siempre es cómodo o deseable alcanzar ese punto.

No me interesa saber cual sería mi punto de equilibrio con Paris Hilton.

El equilibrio es un punto en el cual situaciones, movimientos o fuerzas distintas u opuestas tienden hacia la anulación. El sentido del equilibrio en los seres humanos es lo que nos permite caminar sin caer. Lo vamos desarrollando cuando aprendemos a caminar y luego aprendemos a correr, saltar, realizar movimientos indistintos, bailar…

En el caso de las relaciones no podía ser distinto. Ese sentido de equilibrio es lo que nos va a permitir caminar sin caer. El punto de equilibrio siempre se encuentra en un lugar y momento distinto y es lo que dificulta las relaciones. Muchas veces pensamos en modalidad ‘ceteris paribus’, que significa ‘…permaneciendo el resto constante’. AQUÍ ES DONDE TODO SE VA AL CAÑO. Si yo estoy triste, si yo estoy de fiesta, si yo estoy cansado, si yo estoy de mal humor, si yo no quiero hablar… ¿por qué creo que el resto va a permanecer constante? ¡No es así! ¡Nunca fue así! Hay miles de variantes. No solo las mujeres cambian sus estados de ánimo, los hombres también lo hacemos. El clima, el aire, el día, el trabajo, el fútbol, la familia, los amigos… Las variantes rara vez permanecen estables y hay que ser casi un crack para saber donde está el punto de equilibrio cada nuevo día.

Creo que fue hace casi dos años, luego de mi ‘relación’ con Zeta que entendí que el punto de equilibrio no era un lugar y momento al que una pareja pueda dirigirse de por si. De hecho, muchas veces no encontré ese punto que puede ser tan importante como el G. Pero al menos, YO lo intenté. Sin duda, lo entendí, es tarea para dos, caso contrario las fuerzas no se equilibran y se tiende al fracaso, a la caída, al olvido. Es una labor de cada día en la que la memoria toma una tarea secundaria, porque lo que cuenta es que los sentidos estén alerta, es algo que se hace con la conciencia del que ama de verdad.

Hay veces que para que las cosas funcionen se requiere cambio de roles. Yo sugiero, vos también. Hacemos lo que vos digas, pero también hacemos lo que yo digo. Mandamos cuando sabemos, obedecemos cuando nos dejamos guiar. El resultado es el mismo, ganamos los dos. No es sano intentar encontrar el punto de equilibrio siempre en el mismo lugar, porque encontrarlo en un mismo punto es más una cuestión de probabilidad que de conocimiento del otro.

El juego del equilibrio se vuelve mejor cuando entramos en una relación donde vos y yo aparecemos lado a lado, pero alternamos roles. A veces estoy arriba, a veces estoy abajo, a veces te sigo, a veces soy seguido. Ojo, no perseguido. Todo lo demás, es una pérdida de tiempo.

Encontrar alguien que te mueva el piso, no pasa todos los días. Encontrar una mujer con quien hagas click, es todavía más difícil. Necesitamos estar igual de locos e igual de cuerdos y no siempre al mismo tiempo. ¿Quién dijo que era fácil? (Isn't God a funny guy?) Cada vez se puede encontrar más chicas con el corazón roto, en reparación, recuperación o reconstrucción, personas que no confían porque les engañaron, y cuesta mucho confiar en quien no confía. A veces, las expectativas que tenemos (esto me pasa frecuentemente) son demasiado altas. A veces, simplemente las cosas no se dan.

Creo en el amor. Y creo que un día me enamoraré y podré escribir sobre todas esas sensaciones que ella me provoque. Seguramente tendré la certeza que siempre me ha faltado de saber que esa es la última relación que quiero, la última relación que necesito. ‘Te encontré’. Y seré capaz de decir ‘te amo’, y de escuchar ‘te amo’ sin sentir que miento o que digo algo de memoria. Seré capaz de escucharlo sin sentir que me mienten o sin sentir que no lo merezco. Seré capaz de disfrutarlo. Seré capaz de entrar valiente, día a día, en la deliciosa búsqueda del equilibrio sabiendo que no estoy solo, sabiendo que ella tampoco está sola. Sabiendo que somos capaces de exigirnos y de ceder, de darnos y de ser. Sabiendo que vamos lado a lado, y que ‘en la calle codo a codo, somos mucho más que dos’(Mario Benedetti).

Entonces ‘vos y yo’ se encuentran en ese punto de equilibrio delicioso que se llama ‘nosotros’.

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Interludio - Carta de Despedida al Abuelo Gabriel (De su nieto Sebastián)

Posted by Juan K Peña on miércoles, marzo 19, 2008
No me sobran los amigos. Nunca he tenido muchos, por el contrario han sido pocos. Pero entiendo perfectamente el significado de la palabra amistad y la dignifico. Si tuviera muchos amigos, no cambiaría esta frase: 'No me sobran los amigos'... Sebastián (El Negro o Aquiles) es, sin duda, uno de mis amigos más cercanos. Le he pedido permiso, y por favor, para compartir esta carta dedicada a su abuelo. Es mi forma de cargar un poco con el dolor que él siente... Es una pequeña forma de decirle a mi amigo que lo quiero...

Abuelo querido:

Te escribo desde lejos, quizá un poco más lejos que los último años. Ahora eres tu quien ha decidido salir de viaje. Sé que te gustaba mucho esta tierra, sé que te gustaba mirarla...
Imagino ahora todos tus zapatos gastados. ¡Cuántos zapatos gastaste abuelo!.. Pero es que has decidido irte un poco más lejos esta vez. A mi me duele, porque se que debo también gastar muchos zapatos antes de verte nuevamente. Espero tener la suerte de poder usar tantos pares como tú y pisar la tierra con la misma firmeza y humor con que tu lo hiciste.

Ahora que te siento y que te pienso profundamente, recuerdo tus aromas y la manera que envolvías tu pañuelo blanco con rayitas marrones, es que te gustaban mucho los marrones. Sería la manera de siempre recordar la tierra, supongo. Pienso en la cantidad de ligas que se encontraban en tu vida. ¡A todo le ponías una liga! Tu reloj ajustado con una liga..., tus documentos asegurados con una liga..., la bolsita del paraguas con una liga..., tu escritorio repleto de ligas rosas y beige. Así te pasaste la vida ligando, jugando con esos elásticos que ayudaban a sostener tus pequeños tesoros y que podías estirar y compartir con todos... Conmigo.


Ahora te siento y te escucho, y vuelven a mí las poesías de Quevedo que saboreabas con picardía, los dichos con juegos de palabras... "yo loco-loco y usted loquita".... Recuerdo tantas cosas: Los juguetes, los trucos de magias que comprabas en la calle a algún personaje del Quito colonial que te abrazo y abrazaste en cada recoveco, tus chaquetas llenas de bolsillo que eran capaces de esconder hasta un elefante blanco, tus cinturones de puro cuero en el que se sostenía una navaja y una cadenita conectada a un estuche lleno de llaves. A veces yo las miraba y me imaginaba las cantidad de puertas que tuviste que abrir en tu vida. Espero que hayas notado que es justamente lo que hiciste con la mía. Me enseñaste que la vida esta llena de puertas y que siempre hay una invitación para ir abriéndolas. Así, yo también cargaré un día muchas llaves que me recordarán las puertas que abrí en la vida y también las que decidí cerrar. Quizá hoy se cerró una muy bella, una que valió la pena haber abierto.

Abuelo amado, hoy lloré como cuando era tu niño, com el nieto que siempre seré y te imagine también como un niño. Recordé incluso tus travesuras de adulto, tu amabilidad y trato cordial, tu cercanía con la gente y el mundo, recordé poder darte un beso en tu rostro perfectamente afeitado, tu tacto suave, tus ganas de verlo todo, incluso en los momentos en donde el horizonte solo lo alcanzabas desde ese sillón de gerente color azul del que poco a poco tu cuerpo se fue haciendo parte.

Nos llenaste de imágenes, de amor, de detalles que no todos comprendieron. Tu tenías una capacidad única de encontrar la belleza una y otra vez en el mismo nevado, en las mismas calles. Y es que tu entendías los cambios, entendías las horas de las luces y las sombras. Sabías que nada en la vida se repite, que todo muta y se transforma. Admiré tu persistencia y rirgurosidad en tu trabajo, en tu pasión, en ese gran amor que siempre tuviste: La fotografía fue esa danza de afectos con la que no paraste nunca de bailar, y todos fuimos invitados a tu fiesta, mi pasado fue atrapado por el click de tu ojo.


Y así, un día, yo también me mire niño, y mire niño a mis padres, y a mis hermanos, y a las casa en las que estuvimos, y a las plazas que ya no existen Así, un día, supe que tuve y que tengo un pasado. Abuelo, tu te encargaste de llenarnos de historia, prudentemente advertiste que el ser humano sólo esta solo cuando no tiene memoria, y te aseguraste que no nos quedemos solos nunca más. Es la forma que inventaste para quedarte entre nosotros. Nos recordaste que sonreímos muchas veces, que somos muchos y que estamos juntos, que jugamos y nos divertimos. Siempre nos devolviste la imagen de la familia... "¡A ver! una foto, ¡A ver...hijita! ¡Acércate más a tu primo, que no vas a salir!".

'Abuelito Gabicho, Gabriel, Papa, hermano, tío, sobrino, amado, amigo, maestro, compañero, artista, humano'. ¡Cuantos apelativos y honores fuiste sumando en tu vida! No dudo que todos los transitaste con reciproca medida. En ti mire la equidad, la generosidad oportuna, la disciplina moderada, también el espacio para disfrutar lo simple y el detalle... ¿Lo recuerdas, no? Un trapecista en dos palitos de madera haciendo piruetas sobre una cuerda... Una sopa hecha con amor... Una visita sincera... Un favor... El aire de todos los días... El reconocimiento de tu trabajo... Tu vida.

Sé que te has ido lejos, pero también se que nunca más te volverás a ir. Sé que sin estar estás más cerca que nunca, se que de mí y de todos depende mantener tu sonrisa despierta, tu avidez pueril, tu caminata veloz y ligera, tu atención al mundo, a la naturaleza y al hombre.

Hoy supe que tenía que escribirte, y mientras te pensaba solo pude pensar en lo hermosa que es la vida... Pensaba en tu ingenio para atrapar la esencia de esa vida, en tus rituales y métodos cotidianos para convertir cada noche en una alquimia ganadora.

Antes de despedirme, y de montarme nuevamente a ese triciclo que me regalaste en una Navidad, antes de seguir pedaleando en mi propia vida para así avanzar a la tuya, te quiero agradecer con la humildad que tu agradeciste los últimos gestos, las últimas miradas, las últimas presencias que abrazaste con fuerza. Te quiero agradecer por todo abuelo amado, gracias por haber querido ser parte de mi, porque por vos también soy quien ahora existe.

Besos y abrazos, tu nieto que te ama,

Sebastián

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23. Los ojos de mi amor lo hacen fácil.

Posted by Juan K Peña on jueves, marzo 06, 2008
Suelo despertarme tarde para el resto del mundo. No hay un despertador, pero el teléfono celular siempre marca las ocho y veintitrés de la mañana. Generalmente, me quedo diez minutos más con los ojos cerrados, fingiendo que duermo. Un día más está por empezar. Pienso en ella… No sé su nombre... pero tiene unos ojos divinos. Me quedan cinco minutos más… El perro del vecino se queja. Un maricón faldero que no deja de ladrar porque nadie le hace caso. Estoy despierto, pero lo odio porque me saca de mi paz. Sonrío porque sé que abajo, mi perro, Kobe, me espera para que desayunemos juntos. El no ha ladrado, ni ha llorado, confía en mí. Sabe que estoy despierto, sabe que bajaré en dos minutos más, que lo abrazaré y le daré de comer. Vuelvo a pensar en aquellos ojos que aún no he sentido sobre los míos… Mi cuerpo se siente pesado, lento, aún dormido… Salto en un solo movimiento de la cama, como si me hubiese caído agua helada. Es la mejor forma de despertarse.

No estoy feliz hoy. El salto no ha sido suficientemente bueno. Algo me ocurre. Hay preguntas que no cualquiera se hace que están en mi mente desde hace algunos días. Sé que él solo hecho de planteármelas viene a significar una sensación de vulnerabilidad, sensibilidad y agresividad… Sin embargo, no tengo miedo a mi lado oscuro. Quiero enfrentarlo… y vencerlo.

¿Qué me pongo hoy? El pantalón Adidas y la remera para ir al gimnasio ya van bastante bien. La ducha se calienta lentamente, pero como hice con la cama doy un salto hacia adentro. Es la mejor forma de quitarse el frío.

No estoy feliz hoy. El salto no ha sido lo suficientemente bueno. Algo me ocurre. Hay preguntas que no cualquiera se hace que están en mi mente, y yo empiezo a acercarme a las respuestas.

Bañarse debe ser uno de los mejores momentos del día. Suelo hacerlo dos veces por día, una para despertarme… y otra para volverme a despertar. Tengo la buena costumbre de dormir cuarenta minutos por las tardes. Mi cuerpo se ha endurecido mucho. Estoy orgulloso de eso. Me gusta fingir que soy una especie de estatua de Miguel Angel y tomar diferentes posturas en la ducha.

Me lavo los dientes frente al espejo en el baño. Subo la cabeza y miro al frente, me encuentro con los ojos de un tipo que creía conocer, pero que hoy no conozco. Un fascinante extraño que tiene dentro de su boca un cepillo de dientes. Es un tipo joven, pero tiene un par de arrugas en la frente. Líneas de expresión, le dicen. Si, no es viejo, pero noto que frunce su ceño con frecuencia.

Es claro, frunce su ceño a menudo. Su vida no ha sido fácil. El mueve las cejas diciéndome hola. Lo miro y le pregunto:

- ‘¿Cómo andamos hoy?’
- ‘Bien… Creo…’
– Contesta, tratando de evitar la conversación. Me pone cara de malo y me dice: ‘Respondeme algo: ¿Cómo puedes estar tan tranquilo con todos esos días que has perdido, todos esas lágrimas que por vos se han derramado, con todos esos besos dados sin haber amado… como puedes continuar cuando la vida duele tanto?’

El lo sabe. Tiene mi atención. Me dice que el dolor se ha vuelto cotidiano, casi como respirar. Duda de que la vida tenga algún valor.

- ‘¿Cuándo esperas recibir tu recompensa por todo lo que estás pasando? ¿Qué es lo que el mundo, tus tan llamados amigos han hecho por ti?’…

Lo miro sin mirarlo. Lo ignoro un poco y él parece molestarse. Me miro la barba. Me paso la mano por el mentón a ver si vale la pena afeitarme o no.

- ‘Tu siempre te quedaste en ese lado del espejo. De este lado soy yo el que he tenido que enfrentarme a mi mundo, solo. ¿Sabes cuantas veces me han clavado una puñalada en el alma?’- le contesto finalmente.
- ‘¿Cómo haces para seguir adelante?’

Bajo la mirada. Me decepciona que mi ‘yo en el espejo’ no sea capaz de entenderme. No debería preocuparme a estas alturas, poca gente es capaz de entenderme. Lo dejo hablando solo, quejándose, llamándome en vano.

Me dirijo a mi habitación. Me recuesto sobre la cama. Y pienso nuevamente en los ojos de mis sueños… Esos ojos que sin haber visto aún los míos son una promesa de un amor puro, intenso, incondicional y total… Esos ojos que pertenecen a una de las dos mujeres que más amaré algún día...

Regreso al espejo. Él está ahí y me dice:

- ‘Dime ¿Cómo haces para soportar y seguir adelante?’

Vuelvo a pensar en los ojos de mi hija y digo:

- ‘Fácil

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22. Adios a los Príncipes Azules

Posted by Juan K Peña on domingo, marzo 02, 2008
‘Toda mujer busca su príncipe azul’. Deben ser más de cien las veces que he visto, leído, escuchado y hasta he olido esa frase que no deja de parecerme una vulgar generalización. En definitiva, una mentira.

Primero, no toda mujer ‘busca’… Algunas encuentran sin buscar. Segundo, no todas se centran en un ‘príncipe azul’… Hay otras que no creen en la existencia de estos especímenes y otras que aunque saben que existen, no creen ellos. Para mí, estas últimas son las más interesantes, las que más han crecido; las que se dedican a vivir, a aprender, a sonreír, aunque sea después de llorar. Ellas son, precisamente, las que terminan encontrando hombres de verdad.

Recuerdo que alguna vez, cuando tenía cinco años, me forzaron a actuar de ‘Príncipe Azul’, y bailar con ‘Cenicienta’. No hubiese aceptado, a no ser porque me dejaron portar un arco y flechas de verdad. Desde pequeño ya tenía una ligera sospecha sobre el equivocado concepto que se escondía detrás del famoso Príncipe Azul.

Este personaje siempre acude al rescate de la ‘damisela en apuros’ y generalmente debe ingeniárselas para salvarla de algún maleficio o de cualquier problema en que ella se mete. La imagen de la dama en apuros es repetitiva en estos casos.

Si bien a la mayoría de hombres nos encanta jugar a que resolvemos problemas y sentirnos héroes, ¿Por qué yo habría de buscar alguien que tienda a meterse en problemas, que no sea capaz de resolverlos sola y sea yo quien tenga que apechugar con todo? Tampoco es fácil encontrar mujeres felices, de calidad y emocionalmente saludables.

Coraje, pureza, justicia, fuerza física y espiritual, inteligencia y pasión son las características que más se destacan. ¿Son esas características suficientes en un hombre de verdad? La historia del Príncipe siempre es la misma: La chica es rescatada de un estado de infelicidad, generalmente un maleficio, una bruja, un dragón, se enamoran a primera vista, y enseguida viene la boda como final feliz. ¿Alguien podría explicar que la boda es un nuevo inicio y nunca un final?

‘Lindos’ al punto de la metrosexualidad, románticos al punto del empalagamiento, los príncipes azules aparecieron por primeras veces en el siglo XVIII. En inglés como ‘The King Charming’, en francés como ‘Le roi Charmant’, ninguno príncipe, ambos reyes, pero empezaban a tomar las características antes mencionadas que para tres siglos atrás podrían haber estado muy bien, pero ¿en pleno siglo XXI?

¿Por qué Príncipe Azul? Este término según el profesor de Literatura, Severino Callejas, viene de un cuento titulado ‘El Príncipe Azul de la Lágrima’. Se supone que la realeza en sí era de ‘sangre azul’…. El ser de sangre azul, lo que significa no es otra cosa que tener la piel demasiado blanca, que te de poco el sol y palidezcas de tal forma que tus venas se vean azules. O tal vez se deba a la endogamia, -casarse o tener relaciones con mujeres de la misma familia-, lo que provoca enfermedades caridovasculares, y que la sangre tenga un color menos intenso. Es decir, que encima de todo, eran azules por enfermos o por ser hijos de primos que se casaron.

En ‘El Retrato de Dorian Gray’, el autor se refiere por primera vez, -con gran acierto y justicia- irónicamente al Príncipe Encantador, cuando Sybil, una actriz enamorada de Dorian habla de él como ‘My Prince Charming’. Dorian le cuenta a Harry que Sybil lo llamaba así, cuando éste le hace un comentario en son de burla, Dorian aclara:

‘ -No la comprende usted, Harry. Ella me miraba únicamente como un personaje de teatro. No sabe nada de la vida.’
( El Retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde, 1890).


Creo que esto es clave. Ella espera de Dorian un ‘príncipe azul’. El, un tipo extremadamente lindo, sabe que ella idealiza demasiado… porque él está consciente, más que nadie, de todas las miserias humanas que pueden esconderse detrás de su porte y belleza.

Otras variaciones del mito del Príncipe Azul incluyen, el que la chica tenga que besar un sapo que se transformará en aquel Príncipe. ¿Una poco sutil metáfora de que el enamoramiento hace desaparecer la parte fea de los hombres, por conveniencia y mientras dura el ‘encanto’? ¿No hay una película que se llama ‘Cansada de Besar Sapos’? Culpa de los padres que no le dijeron que lo del metrosexualito del Príncipe Azul era una patraña.

Es así como llegamos a Shrek, -con todas sus partes-, que son sátiras de la figura del Príncipe Azul, en donde los atributos metrosexuales del personaje, Encantador, son exagerados a más no poder.

He encontrado en ‘Fable’ la sátira perfecta en la que el Príncipe Azul pasa de un matrimonio a otro con Blancanieves, Cenicienta y la Bella Durmiente….

‘Nunca fui muy bueno en la parte de feliz para siempre… Fui criado para ser encantador, no para ser honesto…’. Dice el infeliz ‘Principito’.


Hoy en día, la figura de del ‘Príncipe Azul’, va desde el empresario o joven ejecutivo, con cabello engominado, traje oscuro y corbata al abogado, al doctor, al arquitecto o publicista.... Este príncipe azul urbano, que varía su edad entre los 25 y 30 años, parece tenerlo todo en la vida. Muy lindo departamento, muy lindo auto, muy linda ropa, lindas amigas, linda novia... hasta linda la otra.… Ser un ‘príncipe azul’, no se trata solamente de tener sino también de ser:

Insisto: Coraje, pureza, justicia, fuerza física y espiritual, inteligencia y pasión son las características que más se destacan. ¿Son esas características suficientes en un hombre de verdad? Sinceramente, creo que no. De hecho, me encantaría que mis hijos tengan todas estas características desde niños. Pero, seguirían siendo niños...

No voy a negar que más chico también me incliné a seguir ese modelo. Talvez por eso me gusta tanto la película de Heath Ledger, ‘A knight’s tale’ (Corazón de Caballero, 2001). Me siento identificado con la idea de que solo se llega a ser lo que uno quiere ser, cuando dejamos de aparentar lo que no somos… Creo que eso si diferencia a un hombre de verdad de un príncipe azul.

Hoy, estoy mucho menos príncipe pero mucho más hombre. Hoy estoy mucho menos azul y más morocho que antes. Hoy estoy mucho más lejos de modelos y parámetros ajenos, más sujeto a mi propia medida. Más feliz

Al fin, yo fui criado para ser más honesto que encantador… Sin llegar a ser aún el hombre que quiero llegar a ser, -que puedo llegar a ser-, estoy lejos, muy lejos del príncipe azul. Y me siento a gusto, muy a gusto.

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20. Diversas razones por las cuales sentirse contento o antidepresivos naturales / COVER

Posted by Juan K Peña on lunes, febrero 18, 2008
  • Los postres de limón
  • Recibir una carta de alguien que está lejos.
  • Encontrarse un billete de cinco dólares en una campera que no me he puesto en mucho tiempo.
  • Soñar con la chica que uno quiere.
  • Descubrir que una chica linda me está viendo.
  • Los baños de tina con espuma.
  • Ducharse escuchando canciones que uno ama.
  • Quedarse dormido con el reflejo de la luna en la cara.
  • Que te inviten a salir.
  • Sentir que alcanzas tus sueños, sin ayuda de nadie. O mejor, con oposición de muchos.
  • Que haya poca gente o nadie en la cola del banco.
  • Ponerse una camisa recién planchada luego de salir de la ducha.
  • Cargar un cachorrito peludo que tenga la cara de osezno.
  • Las llamadas de larga distancia.
  • Descubrir detalles para con uno en las otras personas.
  • Una buena conversación.
  • El abrazo cálido de tus viejos.
  • Una conversación con Belu (es como una buena conversación… pero ‘reloaded’.)
  • Encontrar la combinación perfecta en Baskin Robbins para los milkshakes.
  • Que te digan que te ves guapo.
  • Acordarse del primer beso.
  • Imaginar el primer beso de amor.
  • Que alguien juegue con mi cabello.
  • Egresar.
  • Que te paguen el sueldo a tiempo.
  • La expresión de una persona querida que recibe una sorpresa de tu parte.
  • Comprarse ropa nueva que sabes que te queda bien.
  • Que te hagan un tratamiento de cabello en un buen salón de belleza.
  • Los SPA’s.
  • Vivir el concierto de tu banda o artista favorito.
  • Imaginar los ojos de tus hijos.
  • Mirar fotografías de la chica que te gusta.
  • Encontrarse con viejos amigos.
  • Los pudines de chocolate ‘Danette’
  • Que alguien te busque para hablar, y sólo por hablar.
  • Conversaciones que duran hasta el amanecer.
  • Hablar por teléfono con la chica que te gusta hasta la madrugada. (Es mejor si pagan terceras personas).
  • Verle la cara al cómico Guillermo Francella.
  • Sentir el raudo paso de una mujer hermosa exquisitamente perfumada.
  • Chocolate caliente en un día frío.
  • Zapatos secos en un día de lluvia.
  • Sueños húmedos, cualquier día.
  • Meterle una piña a alguien que se lo ganó, pero lo tiene aplazado con intereses acumulados.
  • Sacar 10 sin estudiar.
  • Sacar 10, estudiando.
  • ‘Time to say goodbye’ de Andrea Bocelli.
  • Que alguién te haga sonreír cuando estás desanimado.
  • 'The way you look tonight' de Tonny Bennet, mientras miras a la chica de tus sueños en un vestido de noche.
  • Darte cuenta que estás sonriendo mientras haces cualquier otra cosa.
  • Escuchar, por accidente, que alguien dice algo bueno de ti.
  • Despertarte, mirar el reloj y poder volverte a dormir por un par de horas más.
  • Jugar con Kobe, mi perro.
  • Sentirte inteligente.
  • Vivir tus 15 minutos de fama.
  • Ver como los minutos de fama se prolongan.
  • Que todos tus CD’s tengan ‘lyrics’
  • Encontrarte con una persona atractiva, que las miradas se crucen y ver que ella desvie sus ojos hacia otra dirección, primero.
  • Tomar fotos.
  • Acabar de leer un libro.
  • La sensación de alcanzar una cima, sea cual fuere.
  • Sostener la mano de alguien que te importa.
  • Escuchar la risa de los niños, cuando no son impertinentes.
  • Encontrarte con un “viejo amigo”, como el Negro, y darte cuenta que muchas cosas, buenas, nunca cambiarán. Encontrarte con él y darte cuenta que algunas cosas malas nunca cambiaran, pero que en el fondo también son buenas, muy buenas.
  • El olor de la mujer que amas impregnado en tu propia ropa.
  • Encontrar que hay gente leal e incondicional a ti.
  • Abrazar a la persona que amas.
  • Descubrir que la gente que te cae mal te tiene un poco de miedo.
  • Que tu equipo gane un partido, jugando muy bien.
  • Anotar el gol de la victoria para tu equipo.
  • Que te nombren jugador del partido.
  • Que tus padres te digan que están orgullosos de ti.
  • Estar orgulloso de uno mismo.
  • Acostarse sobre la hierba, y mirar la forma de las nubes.
  • Acordarte de Dios cuando todo va bien, y decirle gracias… Inclusive, aunque no creas en él, se siente bien. Inclusive, aunque él no crea en ti.
  • Que una mujer se de cuenta que uno es un tipo diferente.
  • Que la misma mujer se de cuenta que uno es único.
  • Leer a Jorge Valdano. (Posiblemente, conversar con él es aún mejor).
  • Buenos Aires.
  • Escuchar a Aute, cuando estás triste.
  • Que alguien te diga que quiere ver una película, específicamente contigo.
  • Ver cachorritos de la mayoría de animales en los zoológicos.
  • Cargar el Ares o el Limewire y comprobar que terminó de descargarse la canción que tanto esperas escuchar.
  • El dulce de leche y los alfajores.
  • Que alguien cocine para ti, y que además le haya quedado muy rico.
  • Que hagan cosas por ti… desde vestirse a un dibujo, desde un poema a un trámite, desde una canción a una oración.
  • Ver una estrella fugaz.
  • Estar seguro que podrías agarrar a la estrella con tus manos, aunque nunca lo hagas.
  • Que un deseo se te cumpla.
  • Untar leche condensada sobre el pan y comértelo.
  • Pensar en las noches de insomnio en como asaltar un banco y no ser descubierto o arrestado. (Nunca logró una idea coherente, pero concilio el sueño.)
  • Dormirte abrazando la almohada, pensando en la persona que debería quitarte el sueño.
  • Descubrir que alguna de las combinaciones de sabores que imaginaste en tu cabeza tienen sentido y son posibles en la cocina.
  • Saber que eres el favorito de alguna persona en el mundo, aunque aún no la encuentres.
  • Que te consideren un experto en alguna materia.
  • Entender que la distancia más corta entre dos puntos, es la línea recta… la verdad… y, a veces, la sonrisa.
  • Descubrir que alguien está enamorada de ti, en secreto y que a ti también te gusta.
  • Ver que la hierba es más verde en tu jardín que en el del vecino.
  • Escuchar los discos de ‘Pavarotti and Friends’.
  • El sushi
  • Encontrarte una billetera o cartera llena de dinero y….devolverla a su dueño original.
  • Que te digan que te quieren más que a tus otros primos.
  • Saber que no te olvidarán.
  • Sentir que estás en excelente forma física y que otros te pregunten como lo lograste.
  • Las tortas de ricotta y las de manzana.
  • Que tu equipo gane la Libertadores, la Champions League, la Intercontinental o la copa mundial.
  • Que alguien que quieres recuerde exactamente que es lo que te gusta. Que mencione que lo recuerda, o que te lo obsequie.
  • El olor a mar.
  • El olor a lluvia.
  • El olor a café tostado.
  • El olor a mujer enamorada.
  • Imaginar que puedes volar.
  • Domesticar a un animal salvaje
  • Ser domesticado.

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18. Cecé y el Síndrome de Patito Feo.

Posted by Juan K Peña on domingo, febrero 03, 2008
Hace unos años salí con una chica muy bonita. Tenía un ligero parecido a una joven Sandra Bullock. Pongamos que hablo de Cecé. Ella era muy bonita, como Sandra Bulllock independientemente de que sea joven o no. Tenía una vida envidiable. Pocas familias pueden soñar con un millón de dólares en ganancias netas al año, pocas chicas pueden viajar, con la facilidad de CeCé, alrededor del mundo; pocas pueden contar con un trabajo seguro en una empresa sólida, propiedad de la familia y gozar de muchísimos de los beneficios que conlleva ser hija de una familia de clase acomodada en Europa.

Cecé tenía un grave defecto y los defectos aunque los sufran también terceros, son siempre una mayor carga para uno mismo. Cecé tenía la moral muy baja. Estoy seguro que aún la tiene, aunque no he vuelto a hablar con ella. Su defecto, algo común en algunas chicas adolescentes, era el verse menos bonita de lo que en realidad era. Claro, Cecé exageraba. No importaba cuanto escuchase de mi boca lo bella que me parecía, sin contar con los múltiples halagos que recibía de propios y extraños. Elogios iban y venían de obreros en construcciones, de sus 'mejores amigos' - quienes merecen un capítulo aparte-, de desconocidos, de artistas -de la talla de Ariel Roth-, o incluso familiares.. ¡Y ojo que no la engañaba! Creo que ninguno de los que le dijo alguna grosería intentando hacerla sentir guapa, ni los que usamos las palabras más precisas para hacerla sentir bien, bella y querida nos equivocábamos en apreciar su belleza. Nadie la engañó, menos yo. Simplemente el problema no estaba en mi apreciación de la belleza, sino en su propia apreciación.

El problema se puso peor cuando me empezó a pasar factura de su propia inseguridad. Y eso que su inseguridad data de al menos 5 años A.C. -Antes de Carlos, así me llamaba ella-. Si yo opinaba que Araceli González o Mónica Bellucci eran mujeres hermosas, era razón suficiente para sentirse patética. Si yo decía que me alegraba porque a Natalia, una amiga, la contrataron para ser el rostro de alguna empresa de publicidad, iban dos razones para sentirse igual o más inferior.

Lo sospechaba entonces y lo sé ahora. Las mujeres como género son altamente competitivas, aunque no se atrevan a admitirlo. Cualquiera de ellas es capaz de reconocer en un salón repleto de congéneres a la más bonita. Inmediatamente intentan ordenarse en un ‘ranking’ imaginario. Generalmente el juez será el hombre, el hombre capaz de bailar o hablar con la ‘más’, claro.

Ese no es tanto el problema, supongo que hay algo de ‘biológico’ en eso. El problema es querer entrar en la competencia desde el autosabotaje, querer entrar a la competencia sintiéndose derrotada. Así, no importa quien nos diga lo lindos, inteligentes, valientes, fuertes o divertidos que somos si no nos lo creemos, si no lo entendemos y vemos así con nuestra propia percepción de poco servirá.

Cecé y su manía por compararse con Carrie Bradshaw con poco éxito, – Carrie, el personaje de la popular ‘Sex & The city’ es mucho más segura, empecemos por ahí -, la llevó a brazos de mi sucesor a quién quiso llamar ‘Mr. Perfect’. Tengo entendido que, según ella, ‘Mr. Perfect’ y yo nos la ingeniamos para destrozar su endeble moral.

Lo que Mr. Perfect haya hecho o dejado de hacer ‘me chupa un huevo’. –Sorry, pero simplemente me encanta esta expresión, sé que suena poco fino, pero es que… me lo chupa.- Solo puedo hablar por mí mismo.

En mi descargo:

Cecé era lo suficientemente valiente, mandona y tenía un encantador aire de paladina de la justicia que hubiese garantizado que reclame ante el menor conflicto o inequidad. Pero no, nunca me reclamó nada. No reclamó por el cariño bueno, poco o mucho, que recibió. Y si mis halagos no correspondían a la imagen que ella tenía de si misma, no es para nada culpa del 'artista',

¿Acaso el patito feo no pensó que los cisnes se reían de él y que los halagos eran sarcasmo? Exacto, ‘Síndrome de Patito Feo’ - Y no hablo de la telenovela-. Esto me recuerda, mis hijas o hija, que seguro serán preciosas, escucharán lo lindas que son de mi boca a menudo. La belleza es un estado mental, una persona que se siente bien consigo mismo, física, mental y espiritualmente lo refleja eso en su caminar, en su hablar y en su presencia.

Cecé sentía celos porque siempre estuve rodeado de chicas lindas. Siempre lo he estado. Para muestra dos botones: Mis hermanas. Eso es una suerte para un tipo que aprecia tanto la belleza como yo. Pero no es que yo no hablase bien de ella. Creo que mientras duró la relación estuve orgulloso de tenerla como novia, de cómo se veía y como se vestía con ese gusto tan distinguido que tenía.

¡Cecé no va a pasarme ese recibo que no es mío! Si el chico, Mr. Perfect se las ingenió para hacerla sentir gorda cada vez que Cecé se metía un bocado de comida a la boca, es muy problema de ambos. Era problema del tal Mr. Perfect, que lejos de hacerle honor a su apodo, demostró no tener idea de hacer sentir bien a la mujer que supuestamente quería. Es problema de Cecé, porque cuando estás seguro o segura de lo que eres, no necesitas que un tal Mr. Imperfect te haga sentir mal por lo que comes o dejas de comer. Se come para sentirse bien, para alimentarse, por gusto y por salud. No se debe comer para verse bien. Verse bien no es el camino, es la consecuencia de sentirse bien, de alimentarse bien y de ver por la propia salud de cada uno.

Para terminar un poco de sabiduría ‘Disney’, desde 'Diario de una Princesa’ una frase recogida de Eleanor Roosevelt, en la voz del ‘Hermano Juan K’:

‘No one can make you feel inferior without your
consent’
.

Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu permiso. Nadie. Ninguno. Nessuno. No one.

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Interludio - Sólo 8 cosas...

Posted by Juan K Peña on martes, enero 29, 2008

Dicen que 7 es el número perfecto, pero a mí siempre me gustó mucho más el 8. Si, posiblemente sobra uno… Pero es preferible que sobre a que falte. El 8 es mi número perfecto. 8 cosas que… son sólo 8, no son todas, ni las 8 principales:

8 cosas que me gustaría hacer antes de morir

- Ver formada y unida mi propia familia.
- Encontrar a la mujer de mi vida.
- Dirigir profesionalmente algún equipo, de preferencia con éxito.
- Enseñarles a mis hijos a no cometer los mismos errores con las mujeres como su padre.
- Enseñarles a mis hijos a cometer errores que valgan la pena.
- Viajar por los cinco continentes. Especialmente por todas las ciudades que me llaman la atención. (Barcelona, San Sebastián, Cartagena, La Habana, Tokio, Sydney, Dublín, Paris, Ámsterdam, Sevilla.)
- En una ceremonia espiritual y con guía de un shamán probar algún alucinógeno.
- Ver mi vida en forma de película.



8 cosas que hago muy bien

- Los sándwiches con pan francés en sartén.
- Soñar despierto. Soñar dormido. Soñar
- El amor. Diría que también tener sexo, que no es igual que hacer el amor… Lo hago muy bien.
- Leer partidos de fútbol, prepararlos como un entrenador.
- Ser sarcástico.
- Escribir… espero.
- Motivar o desmotivar. Soy muy bueno para manejar la moral ajena.
- Elegir canciones que van a convertirse en éxitos. No todas me gustan como la Macarena y el Aserejé, pero es tan obvio cuando algo va a ser el éxito del verano… o algo así.


8 cosas que odio

- La estupidez. Es una de las cosas a las que les tengo poca tolerancia.
- La mayoría de canciones de Silvio Rodríguez
- La cobardía y la falta de valor que nos siempre es lo mismo. Que intenten engañarme, lo que también es una cobardía y una estupidez.
- Los perros de raza pequeña. Me parecen excesivamente molestosos
- La ingratitud. Detesto que la gente no sepa ser agradecida.
- El mal olor en algunos colectivos. La inconsciencia de las personas que expelen el mal olor. El mal olor en general, como el del tabaco.
- La violencia contra la mujer.
- La falta de pasión en una mujer.


8 cosas que me encantan

- Que una mujer linda me sonría
- El buen asado, el sushi y la torta de ricotta.
- La sensación de dolor que se siente en los músculos luego de una extenuante actividad muscular. Esa sensación se puede multiplicar si es fútbol, sexo o artes marciales, luego de dominar alguna kata complicada...
- El buen fútbol y el grito de gol... equiparable con la energía que se siente al cantar una de las canciones de uno de mis artistas preferidos en un concierto.
- Que una persona que quiero me regale justo lo que quiero.
- La sensación de caminar por alguna calle de Buenos Aires, durante otoño y que el viento sople mientras me como un alfajor.
- Sentirse amado, temido, deseado, respetado y/o admirado. Sentir que sonrío.
- La sensación de frescura al salir de la ducha.


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16. El Fénix en mí

Posted by Juan K Peña on domingo, enero 06, 2008
Había llegado el día esperado de nuestra visita a Bond Street. Era el ‘día de tatuarse’. Mi hermana, Gabriela, y yo habíamos acordado que ese sábado sería cuando un pequeño escorpión se vuelva parte de su cuello y un fénix del tamaño de mi puño se funda con mi espalda.

Es difícil decir que una experiencia obligatoria de un hombre o una mujer joven viviendo o visitando Buenos Aires sea tatuarse. Pero, posiblemente, Capital Federal tenga los mejores locales de tatuajes en relación calidad precio en Sudamérica. Aparte, muchas personalidades de la farándula y del deporte argentino frecuentan esos locales, lo que le da cierto glamour al acto.

Curiosamente, estuve muy cerca de arrepentirme. La primera vez fuimos muy a la buena de Dios y me encontré con muchas cosas que me iban desanimando sobre la decisión tomada. Nos acompañaba un grupo de gente, amigos de mi hermana, a una ceremonia que para mí era un acto de alquimia, no podía ser compartido con tanta gente. Era algo, casi íntimo.

Más contratiempos: Llegamos muy tarde. No podían atender sino a uno de los dos. Mi tatuaje tomaría un poco más de una hora, se requería cita previa. Ni siquiera tenía suficiente dinero en pesos argentinos en el bolsillo para pagar el valor del tatuaje…. Todas estas circunstancias me iban desanimando.

Siempre he creído en señales. La vida nos da señales que nos guían por el camino que debemos tomar, eso creo. ¿No había suficientes señales ahí que me decían NO TE TATUES? Lo tenía tan pensado, tan planificado, y lo había deseado tanto que la simple idea de la vida diciéndome ‘no lo hagas’, me entristecía.

Esto también me trajo memorias de algunas veces cuando la vida me ha dicho ‘no por ese camino’, ‘ella no te conviene’, ‘te vas a hacer daño’, o inclusive ‘Te va a doler’
[1]. También pensé que la mayoría de veces he ignorado esas señales de forma descarada y he sufrido alguna desagradable consecuencia. ¿El tatuarme o no era otra de esas decisiones? Pensé que no, esta decisión me incumbía únicamente a mí, mi cuerpo y mi alma se iban a enfrentar, se iban a encontrar en un punto que ambos conocen bien: el dolor.

No le tengo miedo al dolor. No significa que no me duela. Tampoco significa que no me vaya a quejar. Pero he aprendido a convivir con mis dolores. Le he perdido el miedo a esta palabra. Una vez escuché a una mujer que decía que pasada cierta edad, cuando una mujer despertaba sin un dolor era porque estaba muerta. Me pareció una visión pesimista y un tanto estúpida de la vida. Yo prefiero creer que aunque no es normal que nos pasemos la vida inmersos en un permanente dolor, el dolor es una señal inequívoca de que somos seres sensibles y de que estamos vivos.

Había una vez un corazón. Hubo una vez en que ese corazón me dolía. Hubo recuerdos que quemaban y otros que me helaban. Hubo recuerdos que me abrigaban y otros que reclamaban abrigo. Hubo recuerdos que se desvanecieron… Tengo un pasado que no abruma a nadie, sino a mi mismo… y eso solo pasa cuando se lo permito. Tengo una avalancha desordenada de memorias que se me viene encima y hay momentos cuando los sentimientos se mueven torpes en mi memoria. A veces lo que duele, lo que abruma, es que los recuerdos se vuelven borrosos, menos constantes y mi pasado es mi posesión más valiosa. Mi pasado es el único camino que conozco hasta el día de hoy.

Hay un pecho grande, que es el lugar donde habita mi presente. Está vacío. Ahí se debe plantar una semilla de corazón con la sonrisa de alguna niña que yo sé, pero que aún no encuentro. Hay un pecho grande, pero está vacío. A veces la ausencia del dolor es más penosa que el dolor mismo. Como contrapeso en este presente hay una espalda grande lista para grandes cargas, lista para pequeñas también. Lista, sobretodo, para cargas importantes. Ese es el nido del fénix. Siempre arde, siempre está ahí, siempre me recuerda quien soy, que tan bajo caí que tan alto me levanté.

Hay unos ojos, fuertes y de mirada sincera, endurecida, valiente y optimista. El fénix también arde ahí adentro, sin terminar de quemarse jamás, porque avanza hacia un futuro que pretende hacer suyo.

EL FENIX

Cuenta la leyenda que esta ave habitó la tierra. La vieron en África. La vieron en India. La vieron en el Medio Oriente. La vieron volando con su plumaje amarillo, incandescente, rojo, hiriente y herido, dorado, y valiente, naranja, fuego puro… Vivió en el paraíso y debió quedarse ahí. Fue el único animal capaz de rechazar el fruto prohibido, por lo que recibió de premio la inmortalidad. Su nido olía a diferentes hierbas aromáticas y especias… A vainilla olía, a canela olía… A clavo de olor… a romero y a laurel… A sándalo, a jazmín y a azahar… y hasta a pachulí se dice que olía…. Huele a tantas cosas más que ya he olvidado, porque los fénix, nosotros, solo ardemos cada 500 años dentro de nuestros nidos. Pero también estamos encendidos siempre.

Las agujas se clavan por mi espalda desnuda. De cierta forma, en algo me recuerda al ‘triqui-traca’ de la máquina de coser de mi abuela….al ‘tic-tac’ del reloj que me dio mi viejo cuando cumplí doce años… y hasta me recuerda al misterioso sonido de la máquina de escribir de mi bisabuelo. Es mi vida pasada… Las memorias y el dolor se mezclan.

El dolor de la aguja se traduce en una revolución de memorias e ideas. Entran primero los golpes que di y que me dieron. Vienen las mentiras que creí e incluso alguna que dije. Diría que fue por miedo, pero sonará a excusa…. Pero sí, dije mentiras algunas veces.

Puedo sentir todo esto. El dolor es también los amigos que ya no están. Es los amigos que reaparecen, pero ya no son ellos mismos porque yo tampoco soy más el que una vez fui…. Recuerdo mis juegos cuando niño. Caí muy duro algunas veces y me costó levantarme. Lloré. Hubo manos extendidas. Muchas se cerraron y se volvieron puños.

Me vuelven a doler las dagas que una vez dolieron. Me duele la indolencia de unos ojos que creí destinados a empatía. Duele en mi piel las promesas cumplidas unilateralmente, aunque admito que ese cumplimiento un día me brindó un orgullo y satisfacción inútiles. Duele la piel, duele el alma.

Duelen nombres propios.

Duele la Almudena que enterré en la arena.
Duele Carolina que ardió en gasolina.
Duele Fabiana, nunca tanto como Suzannah.
A la primera me demoré en olvidarla una semana,
a la otra la olvidaré mañana…
Duelen sus miradas indolentes
y que se perdieran entre la gente.
Duele Mayela en la memoria y duele como un clavo en la muela.
Duele Carla… no rima… ¡pero como duele!
Estoy seguro que el amor debe doler,
pero como duele el ‘falso amor’. Ese que parece, pero no es.
Ese que aparece, pero es espejismo.
Duele. Y ahora es un dibujo sangrante en mi piel.


Duelen los amigos que no están. Duele que no vuelvan aún los que han de volver. Duele que no lleguen los que hasta hoy no conozco. Duele los que se presentaron como amigos, pero no fueron. Duelen nombres comunes.

Arde y quema mi piel. Arde que no estés. Arde que no hayas llegado todavía. Arde esperarte y arde no esperarte. Arde que lleguen otras que no son vos.

Quema el miedo. Quema la valentía que uso para vencer ese miedo. La aguja quema la piel. Tinta y aguja pintan el plumaje del fénix y yo siento millones de recuerdos que me abruman. Recuerdos sin nombre, sin orden cronológico, simplemente golpeando como olas un arrecife. Son tantos y tantos que podría desmayarme abrumado, no es el dolor en sí. Ese ya no importa. Con ese dolor convivo. Y aunque no lo ignoro, y aunque en verdad lo siento, no lo rechazo. Está conmigo, es parte de mí. Pero, si, son tantos recuerdos que me echaría boca abajo a reír, a llorar, a gritar un poco hasta que el grito se vuelva un suave eco y me quede dormido.

En parte es como si eso hubiese pasado. Me reí y lloré. Grité un poco hasta volverlo un suave eco que solo lo escucharon algunos perros callejeros.

Por fin desperté de ese sueño. Fue cuando sentí que mi plumaje estaba listo, que mis alas ardían, pero tenía alas y volaba. Fue cuando sentí que todo estaba completo otra vez, listo para levantar el vuelo. Listo para levantarme las veces que hagan falta. Listo para seguir mi camino, listo para asumir mi rol en la pelea. Listo para resurgir. Listo para volar, porque me volví uno con el fénix.



[1] Como diría Maelo Ruiz en esa inmortal salsa. Te va a doler… como me está doliendo ahora que me dejas…

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14. ¿Soy un obsesivo-compulsivo?

Posted by Juan K Peña on viernes, diciembre 07, 2007
Hace un poco más de un mes salimos con ‘Zizou’, un buen amigo mío, su esposa y otra pareja a un restaurante japonés, en lo que fue una noche de sushi, conversación amena, un par de copas y buenos amigos.

Uno de los temas abordados me dejó pensando. ¿Es que yo no tengo manías y el resto del mundo las tiene?

Empecemos por definir que lo que mis amigos definieron como ‘manías’ es lo que, me parece, se conoce como ‘trastornos obsesivos-compulsivos’. Es decir, sufren un problema que se define en dos partes: La obsesión y la compulsión.

La obsesión es el experimentar pensamientos, imágenes o sensaciones de forma recurrente. Generalmente, son experimentados como repugnantes o carentes de sentido. La persona que sufre este trastorno puede intentar ignorar o suprimir su obsesión, generalmente fracasa en el intento.

Ahora, la compulsión. Esto es el adoptar conductas y repetirlas de forma estereotipada. La conducta no tiene un fin en sí mismo, sino que se la realiza, según la persona que sufre la compulsión, para producir algún evento o evitar alguna situación futura.

No necesariamente estas conductas guardan una conexión lógica con la situación que se pretende evitar y pueden ser claramente excesivas. Las conductas adoptadas no producen ningún placer, simplemente procuran un alivio a la tensión que sienten por su obsesión. Generalmente la tensión que sufren se alivia de una forma caprichosa, siguiendo rituales.

Se dice que los más comunes son los limpiadores, los verificadores, los repetidores, los ordenadores y los acumuladores. Creo que hay más. Esto no pretende ser una clase de psicología gratis, así que no profundizaré más sobre el tema. Vamos a algunos ejemplos:


Mi vieja no puede ver nada fuera su sitio. Puede estarse cayendo el mundo que ella tiene que devolver cualquier objeto a su puesto original… Reconozcámoslo con el cariño que le puedo tener a mi madre: Es una neurótica. No hay día que pueda pasarse sin ordenar algo en casa. Y no es que vivamos en un chiquero. Aunque mi habitación se parece muchísimo a la de Johnny Depp últimamente. Yo no soy un modelo de orden y pulcritud.

Hay gente que no puede ver que alguien coma algo en la cama, sin sentir deseos de aspirar las migas de forma inmediata; otros que tienen que necesariamente colgar su ropa en armadores, y colocarlos de una manera determinada. ¿Es que pasa algo si están en sentidos contrapuestos? No pueden ver cajones a medio cerrar, o puertas semiabiertas, cuadros torcidos, o toallas mal colgadas. ¿Acaso la ropa va a escapar si están semiabiertos los cajones? Una chica contó que tiene que mandar su coche a lavarlo dos veces por semana. Lunes y viernes. ¿Es que se ensucia mucho de viernes a lunes? Hay gente que no puede ser interrumpida mientras habla por teléfono, ¿aunque la interrupción sea pertinente a la conversación? Otra chica me dijo que no puede ver a gente ‘comiéndose’ las uñas. Siente deseos de quitarle la mano de la boca a cualquiera que le vea en esas

Una ex-novia, la catalana, no podía pasar el día sin tomar al menos un vaso de coca-cola diaria. Si no, no la aguantaba nadie. Ah, eso sí, con hielo. Sino, casi lo mismo que nada. Se hizo instalar un aparato para poder leer mientras se duchaba, porque tenía que leer mientras estaba ahí ¿Acaso no hay mejores cosas que hacer en la ducha que leer? ¿Cuánto se avanza a leer en la ducha? ¿No se corre el riesgo de no jabonarse, jabonarse mal o algo? ¿Mucha facilidad para cambiar páginas, no ha de haber, no?

¿Es que yo no tengo manías?

Creo que tengo costumbres, más que cosas que en verdad me molesten… Como comer carne, si no como carne, me siento estafado. Siento que no he comido. En parte creo que es por mi entrenamiento en el gimnasio. Demanda algo más contundente que una ensalada.

No me gusta que lo primero que hagan en el día sea reclamarme o preguntarme algo. Digo, hasta mi perro mueve la cola para saludar. No sé, temo justificarme una ‘manía’. No reconocer que sufro de este transtorno, pero de verdad, creo que no lo hago. Creo que es normal... molestarme por no escuchar un 'buenos días' al iniciar la mañana... Si lo primero que te dicen apenas te levantas es… ¡Falta un vaso! ¿Dónde está el vaso? ¿Qué pasó con el vaso? Bajo esas circunstancias, ¿No es totalmente común enfadarse? ¿Qué coño me importa el vaso apenas abro los ojos, y cuando estoy operando aún en piloto automático?

Creo que la única cosa que me produce poca tolerancia es la estupidez. Lo siento, no sufro de desórdenes obsesivo-compulsivos. No es que sea un tipo perfecto, ni mucho menos. Creo que tengo unos pocos defectos y muchas malas costumbres. Otro momento me centraré en esto. Nada que no se pueda solucionar, creo yo, pero un tremendo problema para la convivencia con obsesivos-compulsivos.

La conversación con familiares y amigos me ha dejado claro que el mundo está lleno de gente con este trastorno. Dicen que son 100 millones en el mundo, apenas el 3% de la humanidad (aproximadamente). Sin embargo, a veces pienso que tengo la mala suerte de vivir en una zona poblada de obsesivos-compulsivos. ‘Si, mamá, termino de escribir esto y dejo de teclear y apago la luz!’.
No voy a dar cifras exactas de si he salido con pocas o muchas mujeres. Lo cierto es que entre un 70 y un 85% de ellas pueden catalogarse como obsesivas-compulsivas. Cifras alarmantes y que justifican plenamente nuestras separaciones definitivas por ‘diferencias irreconciliables’. No, ¡Si está clarísimo! Mi próxima chica no puede ser maniática… Puedo admirar y temer aquel extremo en donde la vida no se disfruta, NUNCA…, pero, la verdad, no se me antoja visitarlo, ni de broma.

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13. Hay tanto canalla suelto... (Just typing something...)

Posted by Juan K Peña on miércoles, diciembre 05, 2007

Hoy me acordé de Lara. Será que se marchó hace poco y de una forma u otra la termino recordando. Es una buena chica y una amiga de verdad. Lara es linda, como muchas otras chicas... Talvez esta vez quiero ir de lo particular a lo general, olvidarme de detalles... Y es que volver pensar en ella ha sido un poco ver en ella un reflejo de tantas otras historias.

Lara, como muchas otras chicas que yo sé, es demasiado mujer para la gran mayoría de hombres que conozco. Creo que el idiota de su novio no será la excepción. El tipo es preparador físico, como yo. Esperaba que, para consuelo de Lara, fuese mejor novio de lo que es como preparador físico, pero parece que es tan malo en lo uno como en lo otro. ¿Dios le da barba a quien no tiene quijada? Puede ser.

La historia se repite miles de veces, talvez a diario: Tipos que juegan a dos bandas. Se despiden de una morocha, jurando amor eterno, en una esquina y van a la casa de la rubia a renglón seguido. Venden besos de película, dicen sí a todos los planes, que talvez no planearon, pero la verdad es que están buscando de forma inmediata alguna escapatoria, algo que los libere de la delicada capa de pétalos con que ellas cubren a sus supuestos héroes. Insisto, muchas de estas chicas son espectaculares en diversos sentidos. Sólo que no quieren ver lo que es evidente: la lacra social que tienen al lado

No, sinceramente no entiendo. Si lo entendiese, no podría justificarlo. Si lo justificase, no sería yo. Si no fuese yo, sería como ellos y necesitaría que me entiendan y y justifiquen. ¡Qué manera de botar el amor de la prójima a la basura! ¡Que forma de maltratar plebeyas, regalándoles corona de oropel para botarlas al día siguiente! (No a las coronas, sino a ellas. Las coronas, son reciclables). ¿Para qué presentarse en piel de cordero? Si no llegan ni a lobos, se quedan en altivos cerdos, en cobardes hienas, en tremendos burros.

Si, estoy indignado. Me duele el desperdicio. Me duele la ingenuidad de Lara, que no sabe nada. Me duele la indolencia de Mariana, que lo sabe pero pretende que todo da igual. Me duele el llanto de Romina que sabe la mitad de lo que ha pasado, sospecha la mitad de lo que no sabe, y cuya otra mitad terminaría por matarla. Me duele que pese a tanto dolor, siga intentando aferrarse a un sueño de una infelicidad imposible.

Estoy indignado por todo esto. Pero, ciertamente, el que más me indigna el tipo que veo en el espejo. Me sonríe el muy pillo mientras nos miramos a los ojos y me dice. ‘Ante tanto canalla, el principal beneficiado es usted’. Yo, lo miro a los ojos. Sé que aprovecharse del dolor ajeno no es algo que me enorgullezca mucho, pero posiblemente si transformo el dolor de alguien en una espectacular sonrisa, si soy lo suficientemente leal para no traicionar a nadie –nunca lo he hecho-, si soy espectacularmente leal, como para no traicionarme a mi mismo…Si soy lo suficientemente valiente, como para enamorarme por primera vez y demostrarme que es verdad que no tengo miedo al dolor... Talvez entonces, y sólo entonces, no sea tan malo sacarle provecho a la existencia de tanto canalla... Y es que últimamente, hay tanto canalla suelto.

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