64. Loaded (Dame más) - Ricky Martin

No sé si hay una canción que sea mi criptonita, pero esta canción de Ricky Martin me produce un efecto de ‘poción mágica’ para el pueblo de irreductibles galos comandados por Asterix. Me hace sentir invencible.

El día de mañana podría: Ponerme los cuernos mi mujer con mi mejor amiga, descender el Fútbol Club Barcelona a segunda división, Chávez ser declarado el emperador de Sudamérica, Gabrielle Anwar declarar públicamente que me odia, y algunas que yo me sé desperdiciar sus vidas con algún imbécil inoportuno que pasaba por ahí en el momento oportuno; que mientras exista esta canción estaré a salvo.

¿Qué tiene? Un exceso de energía que hace que sea mi versión siglo XXI de I’m singing in the rain de de Gene Kelly. Se supone que Gene Kelly la canta para expresar su sensación de estar enamorado. ‘Loaded’, para mí es estar enamorado de la vida.

El video tiene un aire de coquetería, encanto, elegancia y estilo. Me hace pensar en mis amigos, que se quedaron por el mundo y en los que estoy haciendo acá en Rosario; En esas noches que uno, erradamente cree que puede comerse el mundo, que curiosamente son las mismas noches en que uno, erradamente, acaba comiéndose al mundo.

Tantas veces quise creer, para luego perder la fe. Cada día me levanto creyendo. Creyendo en mí, creyendo en vos, creyendo en ella y en él, en todos nosotros, y en ellos; En este país y en tantos otros y tarde o temprano termino perdiendo la fe. ¿What’s wrong with you, people? Y a veces también pierdo la fe en mi mismo ¿What’s wrong with you, person? Pero sigo volviendo a creer… ¿para qué? Para volver a perder la fe. Es un juego divertido, porque recuerdo el ayer, y aquellas noches de placer… Nunca me basta, quiero más.

Esta canción habla de las mujeres que me gustan y que dejaron de gustarme, y de las que aparecen en versiones mejoradas, para volver a tropezarse, reinventarse, conquistar y fracasar, vuelven las primeras, se van las últimas, vuelven las últimas, se van las primeras… Y yo sigo volviendo a creer, ¿para qué? Para volver a perder la fe… Pero recuerdo el ayer, aquellas noches de placer. Nunca me basta, quiero más.

Loaded es estar repleto. De dicha, de alcohol, de dinero… En este caso es de dicha, de energía, de ganas…

Why, oh ,why am I gonna play? So many times it goes this way. My heart gets blown away… These eyes are born again. Do you remember how we were? Do you remember summer days? Sometimes I feel like going down down…

Dime para qué quiero jugar? Muchas veces mis conversaciones/relaciones van (a morir) al mismo punto… Mi corazón resulta disparado… Pero mis ojos vuelven a nacer. A veces con un dolor intenso, podemos verlo todo más claramente. ¿Te acuerdas como éramos? Cómo éramos la otra noche,… ayer… el último verano… ¿Te acuerdas como éramos en otras épocas, otros siglos, otras vidas? A veces siento que todo va para abajo… ¿Para qué sigo creyendo? Para volver a perder la fe…. Pero recuerdo el ayer, aquellas noches de placer. Nunca me basta, QUIERO MÁS.

Dame Más - Ricky Martin

Ella baila con swing
Eso me gusta mi
Veloz como un homerun de Sosa
Esta rica esta sabrosa
¡Mírenla bien!
Ella es todo para mi
Soy su perro fiel
La quiero muy dentro de mi

Ella me atrapa con su red
Con sus encantos de mujer
Tantas veces quise creer
para luego perder la fe

Pero recuerdo el ayer, aquellas noches de placer
Nunca me basta, quiero mas, más!

Dame la libertad
para entrar en tu alma hacerte soñar
Suelta la piel
Aprieta el control
Mueve ese cuerpo hazlo con sabor
Y ahora dale,
no pares,
no dejes de bailar
que la fiesta es una fiesta, goza!

Ando muy feliz
Vagando por ahí
No me hables de problemas
Yo te juro soy de roca
¡Que bello es vivir,
sin miedo de seguir!
¡Mírenla bien
La quiero muy dentro de mi!


www.youtube.com/watch?v=Z1Lwq-QHNX0
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Interludio - Pequeño chascarrillo de la gripe porcina
Y si no saben Inglés? Ríanse por compromiso. Y si van entendiendo, dejen comentarios. Cómo dice mi profe de didáctica 'si algo no preguntan, o no comentan... es porque no están entendiendo'. Luego van a quejarse que a mi no me preocupan mis lectores, que les conozco!



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63. De los Nescafés a los Havanna (con sabores de cubana)
No había escuchado antes el nombre de ‘Maiela’. Ciertamente, no hubiese sido mi nombre favorito. Jamás se me hubiese ocurrido ponérselo, eventualmente, a una hija. Pero había mucho de Caribe en ese nombre, aunque también había algo que no terminaba de gustarme. Era como que fuese el nombre de una enfermedad.

‘¿Vecina, como anda?’ ‘Acá, todo bien. Vengo del centro médico. Llevé a Raulito a que lo vacunen contra la malaria, la difteria, la rubeola y la maiela.’ Ese es solo un ejemplo. Habría otros: ‘¿De qué murió?’ ‘De maiela, llegamos demasiado tarde. No pudimos diagnosticarlo a tiempo’. O un titular de la prensa deportiva: ‘Será baja durante los primeros meses del año debido que contrajo maiela en un viaje al Caribe’.

Más allá de la cargada, Maiela Revuelta se convirtió en una enfermedad personal, que con la ayuda de una multinacional grande, como es Nestlé, me estaba estropeando las tardes en Quito. No es que la multinacional tuviese algún problema conmigo, si no más bien que habían quedado muchos asuntos, no pendientes, pero sí mal resueltos con la cubana.

¿No es de risa? ¿Cuáles son las posibilidades de que se empapele la ciudad y que la televisión pase comerciales con la chica con la cual uno había salido y a quién no quería ver más, como imagen de Nescafé? ¡Con lo que me gustaba el mokaccino de Nescafé! La ironía era completa porque me recordaba a esa vez que fuimos a ver ‘Along came Polly’ y pedimos unos cafés para sentarnos y conversar hasta que empezase la película. Ahora en cada local de Nescafé estaba ella: Con expresión de frío, abrazando con sus pequeñas manos la taza de café, soplando el humo que salía del jarrito con esa boca que decía muérdeme. Ahí estaba ella en otras imágenes, con los labios manchados de café, con el cabello negro, rizado, enmarañado, con esa sonrisa de ángel, no vengador, sino vengativo. Si, ella era un ángel vengativo y equivocado, siempre equivocándose, pero siempre dejándose mirar y provocando.

Iba al teatro y ahí estaba ella. Veía algún partido de fútbol en televisión y salía Maiela tomando café. Inclusive, en los ándenes de la estación de trolebús me encontraba ‘con ella’ día a día. A veces le hablaba. No le decía mucho. Solamente la miraba y le decía ‘¿Se puede saber de que te ríes tanto, qué es lo que te hace tanta gracia?’ y seguía caminando para abordar el trolebús que estaba por salir. Sin embargo, Quito con sol, a las cuatro de la tarde era una ciudad que me provocaba nostalgia, melancolía, deseos de revancha, alegría y rabia. Todo junto, porque soy una complejidad caminando. No sé porque tantos sentimientos… Nostalgia y melancolía del pasado, ‘del pudo ser y no fue, porque la vida es como es, nos dio la vuelta del revés…’ que canta Alejandro Sanz. A lo mejor revancha y rabia, porque ella era mucho más mediática que yo; y la alegría de saber que soy capaz de experimentar tantas emociones juntas y mantenerme sereno, intacto, capaz de adormecer cualquier intento de rebelión interior por parte de un corazón que se olvidó de sentir y que empezaba a recordar como hacerlo.

Una tarde salí antes de casa, para que no me agarrase la sensación compleja de las cuatro de la tarde en el andén. Tuve que cambiar de ruta, necesitaba algo de efectivo así que fui a la sucursal del banco que queda en el Shopping frente al parque. Mientras saludaba a Otón, un viejo amigo de la radio de la universidad, la vi nuevamente. Solo que estaba vez no tenía café en la mano, estaba ahí, pasando a escasos dos metros de mí, con un acompañante al que no le di la menor importancia.

Maiela, pequeñita, caminaba como siempre, riendo…

‘¿Se puede saber de que se ríen? ¿A qué le encuentran la gracia? – Le dije a Otón.
‘¿Cómo?’ – Preguntó Otón notando que yo solamente sacudía su mano despidiéndome.

La reconocí al pasar por cada elemento tan propio de ella: por su sonrisa fascinante y fascinada; por su belleza contaminante y contaminada; Maiela, pequeñita, de pechos pequeños, cola exagerada y tez del mismo color que un mokaccino cuando alcanza la mansedumbre… muy Caribe, muy Cuba, muy Isla de la Juventud…La reconocí por su mirada hiriente y herida, mirada negra, más negra que obsidiana quemada; la reconocí por su bondad rescatadora y rescatada, extraviadora y extraviada. La reconocí, la seguí tan rápido como pude y detrás de la gente la perdí.

Quería que me vea, talvez porque había perdido mi aire mediático. Pero también me había vuelto un tipo más interesante, más fuerte, más poderoso, más atractivo. En verdad, me sentía así y quería que lo note. Aunque, debo reconocer que había mucho de innecesaria vanidad en este gesto. ¿Para qué, para qué quería que ella lo notase? Había algo de infantil en querer restregarle el hombre adulto que me empezaba a sentir en sus ojos, había rasgos de dolor en ese gesto, había rasgos del niño que aún se negaba a salir en esas actitudes.

Así que dejé que se marchase cubierta por una ola de gente que la escondió con facilidad. Me sentí un poco frustrado, ya no porque ella no me viese, sino por haber caído en la cuenta de esos rezagos de inmadurez en mí. Me sentí un poco fastidiado. Por primera vez, en mucho tiempo, me había cansado de estar solo. No quería estar con Maiela, que por más linda, mediática e imagen de Nescafé que fuese, seguía teniendo nombre de enfermedad. ‘¿Ya te mejoraste de la maiela aguda que tenías?’

-‘Si, con toda seguridad puedo afirmar que… creo que sí’- Sería mi respuesta.

Ese día me dio ganas de tener novia y de llamarla ese momento, de irme a su casa o a recogerla del trabajo. Siempre es bueno tener alguien que te abrace cuando acabas de ver un fantasma, aunque no tengas miedo es una sensación extraña. Pero ahora yo era otro, más fuerte, más poderoso, interesante y atractivo, pero sobretodo más valiente y eso me hacía inmune a cualquier tipo de Maiela.

En el aeropuerto internacional de Quito, en la última puerta que separa a los viajeros de los que van a despedirse, se puede ver por última vez a Maiela antes de salir del país. Admito con orgullo que no la vi, que no me hizo falta, que no sé si regrese por esos pagos pronto y que si regreso no sé si ya se habrá erradicado la Maiela para siempre. No sé si la vuelva a ver y si sienta que miro un alma en pena, un fantasma, una imagen que toma vida y arrastra cadenas, una mulata encantada y encantadora, que me había enseñado a que sabe el café y el desencanto. Saben parecido, pero no son lo mismo.

Cuando le conté a mi amigo Víctor esta historia me preguntó si había cambiado mucho mi vida luego de Nescafé, Maie y sus pequeñas dosis de Cuba.

- Si . – Afirmé con fuerza lleno de dudas.

La verdad Soy muy bueno recordando el pasado, pero muy malo sufriéndolo, o volviéndolo a vivir. Al recordar no lo sufro, ni lo vivo, solo lo miro con detenimiento, intentando no caerme en el mismo hueco dos veces.

- Si.- Volví a afirmar, para sacarme las dudas.- Ahora no tomó más mokaccinos en Nescafé. Ahora me gusta venir tomar café en los Havanna.
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62. Pequeñas histerias, pequeñas historias - Aumento de busto, disminución del gusto, multiplicación de disgustos...
- ¡Holaaaa!
- Hey, ¿ cómo vas? ¿Cómo va todo?

Luego de tres días:

- ¡Hola!
- Hola… Saludaste y te fuiste el otro día. No es la primera vez que haces eso. ¿Andas muy ocupada?
- Si más o menos…
- ¿Qué ha sido de tu vida? No he sabido de vos en mucho tiempo.


Luego de varios días:

- Hola
- Hey, que tal?
- Acá, pirateando la señal, todavía en pijama, limpiando la casa.
- Ahh, terrible…
- Le contesto ya no con el mismo ánimo de otras veces de saber de ella.
- Le ví a Maradona el otro día.
- Ah si?
- Si, y a todos los de la selección argentina. Insoportable.
- ¿Si? ¿Qué te hizo?
- Cara de aburrido. Fuimos al Marriot cuando vinieron.
- O sea, no te dijo nada
.

C. es una chica linda, a la que incluso le podía hallar ciertas similitudes con Rachel Green (Jenifer Aniston en F.R.I.E.N.D.S.), pero también era una chica que tiene ciertas actitudes de lo que se denomina ‘histeriqueo’. Desaparecer, portarse linda, volver a desaparecer, proponer algo, fallar en su propia propuesta, volverse a portar linda, desaparecer por tres meses, llamarme para contarme que estaba saliendo con algún viejo (físicamente viejo), constituían ejemplos claros de un histeriqueo depurado. Se notaba que en su casa no le dieron unas buenas nalgadas de chica, al menos algún correctivo y que ella desarrolló una irritante atracción por tipos viejos. Y no te hablo de George Clooney, que es un tipo grande, pero que está bien conservado… o de Richard Gere… Sino más bien sería como andar por los 28 o 29 años y morirse por Caruso Lombardo. De esas cosas que no se entienden, y que tampoco pensaba explicarlo con ninguna 'teoría psicológica'.

Ahora le daba por meterse en camisa de once varas. Diego Armando Maradona no es el director técnico de mi preferencia para la Selección Argentina, pero… ¿considerarlo ‘insoportable’ porque tiene ‘cara de aburrido’? A lo mejor debería haberse realizado una cirugía plástica que le dibujase una sonrisa, no a lo Heath Ledger cuando actuó de Joker, sino una sonrisa que le diese un aire de Tom Cruise para que la señorita C. lo considerase ‘medianamente soportable’. Maradona tiene parte de la culpa por ser Maradona, ya que tiende a caerle mal a mucha gente con el solo hecho de pasar por ahí. A mi, Diego me cae bien porque es un ídolo de la infancia y esas cosas son prácticamente inalterables.

- No, lo que pasa es que nos colamos por donde pasan la comida a los salones y les vimos a toda la selección en la cena. Hasta que vino un tipo de la AFA y nos sacó con pura groserías y pedante.
-
Si, que raro el de la AFA que no los haya invitado a quedarse y cenar con ellos.- le digo con mi encantador toque de sarcasmo.
- El Pablo quería quedarse. A mí me indigno. Ni que fueran dioses y uno tener que estar rogando.
- ¿Quién es Pablo?
- El vejete.
- ¿Tu jefe?
- No, si te conté
- ¿Con el que andas? Vos si que tienes gustos raros. Lo entendería si fuera alguien mayor, pero que se yo… En mi caso si se conservase como Katherine Fullop.
- No, el también es lindo, no se le nota lo vejete.


La verdad es que si se le nota. Mostaza Merlo podrá dejarse la cabellera larga, pero no por eso se le ve más joven. Es casi lo mismo. Hace años que C sabía que hace mucho tiempo me gustaba, pero tiene cierto placer en provocarme con lo que dice o deja de decir. No sé que esperaba. ¿Que les pusieran unas sillas extras en la mesa de Messi para ella y su amigo? ¿A lo mejor esperaba que Andújar les cediese unas medialunas? ¿Quizá quería que Mascherano, en su calidad de capitán les de la bienvenida y sonría ante la ingeniosa ocurrencia de haberse colado por el pasillo de los mozos?

- ¿Vos no me has visto luego de la operación?- dijo.
- Si, recuerdas que te dije. ‘Algo te has hecho, estás distinta’?
- Ah, si en el cine… Pero también me puse las ‘chichis’. (ecuatorianismo para referirse a los pechos femeninos)
- Lo del aumento de pecho no sé, estabas con campera.
- Las chichis son un accesorio, pero lo más lindo es mi nariz.
- No sé. Ya eras linda.
- Si, pero nunca me sentí bien con mi nariz.
- Debería operarme los párpados para tener los ojos más grandes.
- Si no tuvieras los ojos rasgaditos, no serías Juanka.

Creo que es lo más inteligente que dijo todo el rato y no lo notó. Lo peor es que se trata de una chica que yo considero inteligente. ¿Por qué si yo me cambio los ojos, no soy yo, pero si ella se cambia la nariz sigue siendo ella? ¿Sigue siendo ella o se puso en evidencia con su respuesta? ¿Por qué no se daba cuenta que dijo ‘nunca me sentí bien con MI NARIZ’? Era suya, y como dije antes, no era fea… Pero bueno, también Rachel Green se operó la nariz. ¿’Las chichis son accesorio’? O sea que una chica va por una rinoplastia y le dicen: Señorita, hoy es dos por uno. Adicionalmente, tiene una operación de tetas y le teñimos el cabello.

¡Perdónenme, pero discúlpenme! Lo de las ‘chichis son un accesorio es más falso que billete de dólar celeste. Es una de las operaciones más notorias que puede haber, especialmente porque hombres y mujeres del medio de la ‘despechada’ van a notar un cambio de esa forma. Para mí, la operación del pecho funcionaba como distracción de la rinoplastia, y a su vez la rinoplastia funcionaba como distracción de la operación del pecho.No soy psicólogo, pero entiendo a las mujeres.

¡Una operación de aumento de busto no es como pedir un zapato con dos centímetros más de tacón! No es accesorio. ¡Te están metiendo cuerpos extraños en las tetas! ¡Te están metiendo bisturí! ¡Estás aspirando anestesia! Aparte que el costo de la cirugía no debe ser para nada accesorio.


En definitiva, que yo no sé como C. piensa ahora. No tengo idea como es que C. se siente la mayor parte del tiempo. Con su nueva delantera, desconozco su cuerpo… y con su nueva nariz desconozco su cara. Nunca la conocí tanto como para tener algún vestigio de su alma. Y resumiendo, ¿quién es C?
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61. Instructivo femenino básico para sorprenderme
Debería decidirme a retomar la escritura. Han sido días de resfrío, de ver el mundo desde adentro de mi pequeño departamento, de pensar en las cosas que he logrado, en las que voy logrando y en las que no he alcanzado aún. Han sido días de contemplación, porque estoy en Rosario y es una ciudad que merece contemplarse.

Rosario es una ciudad en la que uno podría enamorarse cada tres minutos, o cada cuadra, lo que ocurra primero. Pero no hablo de esos amores por los que uno mata y muere, que no me han pasado. Hablo de esos amores que duran una película, en los que también se muere y también se mata, pero se revive para un próximo estreno. Esto no habla mal de la mujer rosarina, lo sé. Habla mal de mí que aún no he llegado a profundizar en el conocimiento de nadie. Tampoco es tan grave, llevo acá poco tiempo.


Pero hablaba de esos amores a primera vista, que son tan válidos… y que llenan tanto cuando vos no estás. Porque en ese vacío, aunque no es tan inmenso, continúa siendo vacío, y aunque sea con todas las fotos mentales que puedo tomar intento llenar, sin riesgo de que ellas me aturdan.

No sé si le puedo dar nombre propio al vacío tuyo. A lo mejor es más fácil si le doy un nombre, pero a lo mejor es demasiada responsabilidad para vos, y no sé si vas a poder. No sé si quieres poder, porque a lo mejor es más un asunto de voluntad y no un asunto de posibilidad. Más de actitud que de aptitud. Aunque te llames Belén, Vanessa o Cecilia… ¿Qué más da?

Recientemente leí que alguna web catalogaba a Buenos Aires como la tercera ciudad con fama de tener las mujeres más bellas en el mundo. ¿y Rosario? ¿No sabían que existía Rosario? ¿No sabían de la fama de las rosarinas en Buenos Aires los que hicieron el artículo? Mejor, mejor. No me gusta compartir. Así puedo apalear mejor tu vacío… te llames Fabiana, Sabrina o Victoria ¿ Qué más da?

Creo que me voy quedando con menos corazón. Lo voy desmigajando y dando de comer a las imágenes que encuentro y que poseo, simplemente como imágenes que se quedan en mi mente, sin que las toque, sin que invada su entorno, como una especie de poderoso Dios que acepta su existencia, sus angustias, preocupaciones, gozos y alegrías.

Ahora vivo en otro orden. De hecho vivo algún orden. He cambiado algunas cosas. Si vinieses encontrarías la mayoría de cosas en el lugar que deben estar. Y encontrarías muchas otras esperándote. Aún no sé donde dejé a todos mis amigos. ¡Cuánta razón tenían los que me decían que iba a perder algo, algún día, por desordenado! ¡Toma! ¿Dónde andan los amigos?

Hoy pienso que por fin estoy aprendiendo una de las lecciones más importantes de mi vida: ‘A no esperar nada de los demás.’ Cuando no espero nada de vos, siempre me sorprendes… De hecho, no solo vos, sino todas ellas… Las que guardan un tibio reflejo tuyo, pero no te llegan ni a las rodillas. Se llamen Milene, Andrea o Paulita. De vez en cuando, sucede, que me cambias la jugada de laboratorio que te da por abandonar el guión y decir lo que en verdad te pasa, lo que en verdad sientes, te da por buscarme y te ves más linda.

Ya te lo dije una vez, pero no te queda claro… Te cuesta más entenderme. No te culpes, casi nadie me entiende. Y no lo digo como quinceañera, con zapateo rebelde yéndose para su habitación. Lo digo con total resignación. A vos te cuesta entenderme, pero estás cerca, muy cerca. Pero te cansas… No te culpes, casi todo el mundo se cansa….

Y por eso a las tres de la mañana, duermo profundamente, porque no espero tu llamada… Ahí sería el momento preciso para llamarme aunque me de un vuelco al corazón. Servirá para recordarme que tengo uno, y que se yo….

- Hola… ¿Estás bien?
- Si, hola… solo llamaba para escucharte. Sé que es tarde…
- No importa. – diría yo, tratando de abrir los ojos con un restriego de puños.- A lo mejor, te soñaba ahora mismo.


Pero no, no es así. Y yo duermo, y duermo profundamente. A lo mejor, ya ni sueño con vos. Porque estaré ahí, dormido en mi cama, semidesnudo y semi-inerte, sin esperar nada, ninguna sorpresa, ninguna emoción… Por eso mismo: Ahí es el momento y el lugar. Llama, aunque despierte. Dame un mordisco en la oreja, mándame una carta desde donde estés, envíame un email desde dónde estás… Si no tienes que contar, menciona que es miércoles y que solo querías que te escuche. Yo no tengo mucha a gente a quien escuchar, y rara vez recuerdo que día es hoy.

La próxima vez no te vayas a dormir cuando te sientas cansada y tengas que cursar al día siguiente. La próxima vez avísame que quieres verme y que ya sabes dónde y cuándo. La próxima vez reclama el protagonismo que crees que te mereces, porque YO ya no lo creo y porque es mejor no esperar nada de nadie. La próxima vez dame un beso y vete sin decir adiós. Regresa, abrázame, y cántame una estrofa de tu canción preferida. Regálame flores, ándate a tu casa, enciérrate en tu cuarto, arrójate sobre tu cama y contempla el tumbado. Piensa en mí con intensidad al punto que te duela la cabeza, piensa en mí con coraje al punto que me odies por no lograr descifrarme, piensa en mi con lujuria hasta al punto de masturbarte o hacerme una llamada obscena, piensa en mí con ternura al punto de querer abrazar y proteger al niño que fui, al niño que soy y al niño que siempre seré… Piensa en mí hasta al punto de prolongarme en tus sueños… Piensa en mí y toma el próximo colectivo que sale en la estación de Retiro…. Sorpréndeme, porque conmigo es fácil perder, pero vos nunca fuiste fácil.

Por eso piensa que soy un sueño,
sueña qué pienso, mándame un
beso, llámame un día de estos.
Estoy en el metro sin cobertura,
y en la parada de tu cintura,
y alégrame ésta triste figura.
Cuéntame un cuento, dame locura,
porque sino luego me lo invento


(Tragicomedia - Estopa)
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60. En búsqueda del tesoro perdido y el rescate imposible
En Junio de 1983, una patrulla de cinco soldados de plástico del pelotón verde oscuro desapareció después de siete horas en una misión por los geranios de la casa. Dos meses más tarde un vaquero de Playmobil, un soldado rebelde de Star Wars (The Empire Strikes Back), y cuatro soldados de plástico del pelotón multicolor, liderados por un indio amarillo, también de plástico, desaparecieron a pocos metros del limonero del jardín de adelante. En octubre del mismo año la situación se vuelve insostenible cuando un cargamento de armas de plástico, un cochecito Matchbox, modelo Rolls Royce se pierden en un desplazamiento cerca del arbolito de cedrón del jardín de atrás.

Mi hermana hubiese podido ser la primera sospechosa, pero a ella también se le había perdido el zapato de una Barbie. El jerez ‘Tío Pepe’ de mi abuelo, una botella chiquita, había perdido su guitarra y su sombrero. Era la botella más guapa de la casa, pero sin guitarra y sin sombrero ya no era más que una vil Fanta Bamboocha.

No se pudo hacer mucho por los desaparecidos. Eran otros tiempos. Y la irresponsabilidad propia de la infancia, hizo
que un par de llantos por los desaparecidos y algún dibujo animado en la televisión basten para olvidar lo sucedido. Hubo múltiples misiones de rescate, pero generalmente fracasaban y perdíamos algún efectivo más. No quise arriesgarlos más.

Habían pasado tres años, era 1986 y El Diego deslumbraba al mundo con su zurda mágica y todos nos preguntábamos ‘¿De qué planeta viniste, barrilete cósmico?’, por lo que yo dejé a un lado los soldaditos y empecé a jugar con la pelota. Jugaba con ser Jorge Valdano, yo, porque sabía que mi calidad técnica no daba para imaginarme siendo Maradona, y que el deleite de tenerlo a Diego al lado de uno, era aún mayor que ser Diego en la cancha.

Medía algunos centímetros más y muchas cosas empezaron a estar a mi alcance. Los interruptores de luz, algunas golosinas y podía trepar algunos muros, inclusive. Pero una de las maravillas que estaba a mi alcance y que nunca antes lo estuvo era el conjunto de vitrinas de mi bisabuelo Enrique. Enrique a quien yo llamaba ‘Ititito’ era un hombre pequeño de andar muy lento, con una sonrisa pícara que lo delataba como capaz de cualquier travesura. No era un amante de los niños, pero tampoco los odiaba. En cambio, le encantaba molestar a los niños. Cuando tenía seis años me daba coscorrones gratis, solamente para molestarme y aprovecharse de que estaba distraído. Ahora lo veo como una genialidad que me causa mucha gracia. Un hombre de ochenta y cinco años, pegando coscorrones a un nene de siete años, y negándolo todo: ‘¿Yo? ¿Estás seguro que fui yo? ¡Si no me he movido!'

Lo llamé ‘Ititito’ porque a los dos años y medio ‘Enriquito’ es una palabra muy difícil e Ititito, siendo difícil a esa edad, es mucho más sencilla. ¡Y tenía la misma métrica! Yo no sabía un cuerno de métrica, pero la usaba bastante bien. A Ititito jamás lo recordaré por la sabiduría que no tuvo, ni por su incondicional afecto a sus bisnietos que no recuerdo me lo haya dado. En mi memoria queda una que otra de sus anécdotas. Lo recordaré como un dibujante increíble, y como el dulce canalla que secuestro a los muñequitos. Un tipo obsesionado con las miniaturas y los detalles… Capaz de coleccionar clips, papelitos cuadrados de un espesor, textura y dimensiones específicas, gomas de borrar,…, lo que fuera.



Cada dos años crecía lo suficiente como para alcanzar un nuevo nivel de las vitrinas y encontrar más tesoros. En las vitrinas que el adoraba encontré no solo a mis desaparecidos, sino al zapato de la Barbie, a la guitarra y sombrero de Tío Pepe… . No solo tesoros de mi época, sino de otros tiempos. Algunos dorados, otros plateados, metálicos, de tiempos en que las cosas eran menos funcionales, pero a lo mejor más bonitas… Planchas, faroles, cálices, cristos, jarrones, martillos, tazas, pistolas, llaveros, trenes, coches, caballitos, osos, muñecas, cuadros y máquinas contadoras en miniatura. La manía de coleccionar ‘juguetes ajenos’ le venía desde mucho antes que yo naciera. Era evidente.

Para 1989, luego de algunos ‘recursos y reclamos’ por la vía legal, que era mi abuelo, y que no surtieron mayor efecto (¡Papá, eso es del Juanchito! Es una frase que no tiene mucho poder de convencimiento), me decido a realizar una misión de rescate. Recuerdo que entré a hurtadillas y que descubrí que sus tesoros estaban encerrados bajo llave, una llave a la que tenía muy cerca de su cintura y que sería casi imposible rescatar a los héroes, que ya eran casi mártires a estas alturas de mi historia infantil.

Hubo misiones más avanzadas, que fueron realizadas mientras todos disfrutaban de un almuerzo familiar. Alguna incluyó una ganzúa y fue la que más se acercó al momento del rescate. Pero aborté la misión sin aparente razón alguna. Sentí que estaba haciendo algo malo, como si recuperar lo que era mío fuese robar. Eso sentí. No pude. No pude ni siquiera palpar los otros tesoros que tanto me llamaban la atención. Ni siquiera el sacapuntas de plástico, ni la goma de borrar con olor a vainilla, ni el dedal, ni el cochecito de metal del Monopolio…

Ititito dejó este mundo en Julio de 1998. Lo recordaré no por la inmensa tranquilidad y seguridad al hablar, que no transmitía…. Sino porque la última carta que mandó a una persona, estuvo dirigida a mí. Yo vivía en el sur de Estados Unidos y él ponía muy claramente… ‘Señor Juan Carlos Peña Guzmán… ‘Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica’… Adoro esa carta, aunque estaba bastante lejos de New York… y no es que lo recordaré por la profundidad que no supo mostrarme, sino que lo recordaré por su sencillez y su amor por la familia y la naturaleza. También, tengo en mi mente el tecleado de su máquina de escribir, y como narraba cada una de los días de su vida...No diría que era un diario, más bien una especie de blog prehistórico, porque me dejaba leerlo y yo disfrutaba de su narrativa.

De vez en cuando sueño con él… De vez en cuando sueño con las vitrinas repletas de tesoros. Hace unos años mi abuelo les quitó el seguro y ahora cualquier persona puede verlas o incluso tomar cosas de ahí, que no deberían. Se que muchos ‘tesoros’ ya no están más en las vitrinas. Es como si ese pequeño museo en miniatura fuese desvalorizándose, saqueo tras saqueo.

- ¿Para qué una foto de eso?
- Para mi blog.
– Le dije a mi abuela que no entendió nada y de paso, criticó mi gusto por las ‘pendejadas’.

Espero que quien lea esta entrada entienda un poco este mini-homenaje a ese extraño y dulce personaje que fue mi bisabuelo, a ese sensacional ladrón de tesoros considerados chucherías… Un guiño de ojo de un amante de detalles hacia él, que fue otro gran amante de los detalles más pequeños… y talvez, más importantes. A vos, Enrique.
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