40. Pequeñas histerias, pequeñas historias (Parte II)
No dudo que ser mujer sea difícil. No podría decir que ser mujer ahora sea muchísimo más fácil que hace cincuenta años. Simplemente, no puedo hacer esas comparaciones desde un punto de vista totalmente masculino. Sin embargo, me da risa cuando alguna grita a los cuatro vientos lo difícil que es ser mujer porque tiene problemas de comunicación con sus amigas, y porque no logra entender a quienes, se supone, mejor la entienden.




De acuerdo, todos tenemos derecho a jugar a ser dioses y hacer tormentas con vasos de agua de vez en cuando. Pero es bueno poner los pies en la tierra, no sé, leer el periódico, prender la tv y ver las noticias, saber que el romperte la uña puede ser algo intrascendente al lado de lo que pasa a nuestro alrededor. Que tengas problemas de comunicación con tus amigas puede ser algo bastante normal.

Generalmente, me encanta escuchar lo que una mujer tenga por decirme, porque lo considero un inmenso voto de confianza y sus verdaderos problemas fluctúan entre:

- Cuanto le cuesta adaptarse a un nuevo país
- Lo difícil que va a ser pagar la renta de este mes.
- Si un chico o grupo de chicos no alcanzan las expectativas que ellas han generado a su alrededor. (Obvio, los chicos no hacen papeles de hombres)
- Las crecientes ganas de renunciar a un trabajo que parece esclavismo.
- Lo enferma que pueda sentirse. Incluyendo problemas de imagen.
- Las ganas de escapar de todo y todos que puede tener (y mejor si esas ganas incluyen un refugio que pueden ser mis brazos).
- La pérdida de un ser querido.
- Un embarazo no deseado.
- Un divorcio
- Nuevos retos laborales.


Así que, cuando, lo difícil que es ser mujer involucra que tus amigas armen un drama con llantos y lloriqueos, porque son unas nenitas mimadas, no te enojes si mi mirada y silencio lo minimizan.

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39. Pequeñas histerias, pequeñas historias
- Sabes que fue el 21 de septiembre pasado?
- ¿El día de la bandera? ¿El día de la paz? ¿San Mateo?
- ¡Todo mal! ¡No puede ser que vos no te acuerdes!
- Claro que me acuerdo, yo siempre me acuerdo de todo…

Es verdad, yo siempre me acuerdo de todo. No me había olvidado de hace un año. Me acuerdo de cada detalle, de lo que hice y de lo que dije, de en qué tiempos me moví. Me acuerdo de los colores, de las formas, de los lugares. Yo no me olvido. No es que algo tenga más o menos importancia, es la forma en que vivo lo que me hace recordar todo con puntos y comas.

- Claro que me acuerdo, yo siempre me acuerdo de todo…
- ¿Yyyyy?

La verdad, no sé que viene después. No sé que es lo que esperaba ella. No sé si ella debía esperar algo o si tenía derecho a esperar algo. Sin embargo, se molestó. Se molestó porque no hubo respuesta. ¿Nuestro encuentro fue poco importante? Fue tan importante como tantos otros encuentros, creo yo. No es cuestión de minimizarlo, pero nadie celebra un ‘Había una vez’ como una línea magistral.

En ese momento viví una pequeña retrospección y entendí que ella Andre, de alguna forma, ha empezado a generarse expectativas sobre mí, no necesariamente de tipo romántico. Son expectativas que no sé si comparto o no, pero simplemente desconozco, y eso es injusto conmigo.

Creo que ella no tenía mayores expectativas hace un año. Sin embargo, sé que superé con creces cualquiera de ellas. ¿Ellla superó las mías? ¿Las conoce? ¿Estoy reclamándole algo? No quiero ser injusto, Andrea es una chica muy dulce.

No es fácil. Creo que he entrado en una etapa en que mis puertas se abren únicamente con huellas digitales o análisis oculares. Es decir, a contadas personas. La mayor parte del tiempo pasan cerradas y cuando se abren, solo entra aire. Solo aire.
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38. It's good to be back

Desde hace meses que voy soñando lo mismo cada cierto tiempo: Vuelvo a mi dojo a entrenar, me encuentro con ex-compañeros, y me preparo para recibir mi primera clase y entrenamiento en mucho tiempo. Son casi dos años sin entrenar. Y mientras más pasa (pasaba) el tiempo sin entrenar, más crecía la adrenalina en el momento de volver a pisar el tatami. En verdad, creo que mi sensei tiene la facilidad para comunicarse con nosotros, sus alumnos, de distintas formas.

En mi sueño siento el temor de volver a un entrenamiento tan fuerte y exigente luego de un período prolongado de ablandamiento. Es verdad, he perdido la dureza que me protegía. ¿Es que necesito protegerme? Supongo que si. Nadie me protege. Me encuentro solo ante mis retos y eso significa que necesito estar preparado para lo inesperado.

El miedo es una emoción normal y útil. Nos permite sobrevivir y protegernos de peligros. También puede involucrar la capacidad que tenemos los seres humanos de sobreponernos a nuestras emociones, ser capaces de controlarlas. Recuerdo que Jorge Valdano decía que no hubo un partido al que no entrase sintiendo un poco de miedo. Yo puedo decir lo mismo de mis partidos de competición o bien de cada uno de los entrenamientos con nuestro sensei.

Siento el temor de enfrentarme a mis temores, de enfrentar el dolor físico y alcanzar mis límites de rendimiento, talvez superarlos como lo hice una vez. No es fácil reempezar. Pero creo que es más fácil que empezar, en todo caso.

Este último domingo me llamaron para volver a entrenar. Fue bueno sentir el aprecio de mi maestro. Aunque hoy mis nudillos están totalmente lastimados, el dolor me cubre todo el cuerpo y sin embargo, tengo una sonrisa interna muy grande y no se me borra fácilmente. Fui capaz de superar mi sueño, de vivir mi retorno y de sentir el reto nuevamente.

Entrenar un arte marcial no es practicar un deporte. Un arte marcial es el desarrollo de sistemas de combate, guerra y lucha. Podrían incluir el uso de armas, por tanto no se trata de obtener una medalla o de ganar una pelea por puntos, sin menospreciar la práctica de deportes como el karate o el judo. La disciplina que se desarrolla con un arte marcial desarrolla la adaptabilidad de cada uno, por tanto se adquieren habilidades y capacidad que sirven para tiempos de guerra, pero también para tiempos de paz.

Mi lado animal, mi fénix interno volvió a arder y aunque duela, vale la pena.
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37.(Des)Variaciones de un encuentro / Cover.
¿Cómo se puede hablar con ironía del amor? ¡No lo entiendo, ni lo acepto! Y eso que últimamente, se demuestra que tengo una voluntad que conmueve, mezclada con una mala suerte que asusta. No sé, sería capaz de renegar de Dios, de la suerte, del clima, y del gobierno, y culparlos a cada uno de ellos por lo que pasa. Pero… ¿Renegar del amor? ¡Eso no se hace! El amor tiene un temperamento muy fuerte, y luego se esconde, se enoja, y se marcha.

El otro día vi a una chica. Lastimosamente, no eras vos. Se llamaba Patricia, como mi tía. Tenía unos ojos bonitos como los de una leona, triste y melancólica. Tenía tu sonrisa y pese a esa dulce melancolía en los ojos, sonreía. Su presencia me recordaba alguna canción de Juanes. Y me miraba y yo a ella. Eso es bastante normal, porque yo era el consumidor final y no soy feo, y ella era la dependienta y era bonita.

Vos sabes bien, esas miradas a mi no me matan, pero me llaman. Me atrapan, pero yo siempre me escapo. Su mirada, en particular, me insiste a que vuelva, a que pregunte y proponga, que insista, siempre insista. Me llama para que yo destruya y cree.

Yo quiero creer y quiero crear. Pero no sé. Esto es distinto. Es esa sonrisa que es tan como la tuya, pero también es única. Que se repite tanto que termina volviéndose exclusivamente de ella y diferenciándose de la tuya. Ahora, las miro en mi mente y soy capaz de encontrarle diferencias.

Vos sabes, querida, que mi corazón está deshabitado, que se empolva, que se anquilósala y que vos serías la mejor inquilina. Pero tienes mucha culpa por ausentarte tanto tiempo. ¿A mí quien me paga ese arriendo?

Mi mirada no se anquilósala y como no apareces vos, yo tengo derecho a mirar dependientas que me miran, y que me cobran el IVA antes de desaparecer sonriendo, no sin antes volverse un dulce atado de nervios, traspapelando mi recibo, dejando caer mis tarjetas, y pidiendo disculpas por esa encantadora y no planificada torpeza en sus dedos que me hacen adorarla, aunque sea sólo por unos segundos. No puedo mentirte, la adoré unos segundos. A la final, es culpa tuya que la haya adorado. Es su virtud que escriba sobre ella.

Igual esas miradas no cuentan. Aún no cuentan. No sé si contarán. Vos no estás… pero eso no es todo. Ella se ha ido. Ya no está más. Son como las miradas del subte, o las de la estación de tren o del aeropuerto. Cuentan, pero no. Uno se acuerda de ellas, pero no suman.


Se ha ido y no entiendo que me haya detenido unas líneas en reflexionar, en hacerme preguntas… ¿Volverá? ¿La volveré a ver? ¿Hay forma de encontrarla? Talvez encontrando un trébol de cuatro hojas o pidiéndole un deseo a un diente de león. No me importaría encontrarme con respuestas negativas, me importa más no encontrarme con respuestas.
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Interludio - El objeto de mi deseo
No me considero una persona materialista. He aprendido a ser ‘Superficial en lo profundo y profundo en lo superficial’ y creo que eso es un verdadero éxito. Pocos tenemos ese secreto. Creo que la vida no se basa en ‘tener’, pero creo que la comodidad, el placer, el saber deleitarse con ciertos placeres como ver una buena obra de teatro, disfrutar de una comida, escuchar un cd que contenga música extraordinaria requiere de recursos.

Esta mini sección no pretende ser un alarde de lo que tengo o dejo de tener. Sino más bien una ayuda. Me va a servir para enfocar que soy muy capaz de conseguir objetivos materiales, tanto como metas espirituales o emocionales.

El primero objeto de deseo es mi nueva laptop. Es una Toshiba Satellite A305. Con cámara, lector de huellas digitales, micrófono, etc. Creo que está muy por sobre mis necesidades, pero la idea es dar una respuesta tecnológica a largo plazo y creo que lo he logrado.

Si, claro, gracias a mi tarjeta visa, ‘porque la vida es ahora’. Finalmente, es mía. ¿Mi próximo objeto de deseo? Unas nuevas gafas y unas zapatillas de fútbol.
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