
Zannah me miraba intrigada. Era la primera vez que salía con un tipo nueve años mayor a ella, y nueve años dan ‘cancha’… Zannah tenía sólo diecinueve.[1] Esa era la diferencia… Esos nueve años habían dejado huella en mí. Me habían hecho más bueno, me habían hecho más malo, pero sobretodo me habían hecho ‘más’ que antes y eso es algo que ella podía notar, aunque no tenía idea de cómo serían las antiguas versiones de Juan K a las que pudo haberse enfrentado.
Lo único cierto es que yo rompía sus esquemas, como quien deja caer bombillas eléctricas al piso. Leía cada uno de sus movimientos y ella no podía descifrarme. Le faltaba poco para halarse el cabello. A mí me divertía y creo que en ese momento la adoré por primera vez…
- … ¿ Es una cita?... preguntó nerviosa.
- No, no es una cita. Yo no salgo en citas. Ni contigo, ni con nadie.
¿Qué es una cita?... Es casi un contrato. Un acuerdo de voluntades que se obligan a hacer algo… etcétera, etcétera… Lo siento, el derecho me tiene ‘mamado’… No me gusta hacer algo que me gusta, obligado. Si lo hago es porque me da la gana. Una cita es una obligación adquirida: Acicalarse, vestirse para la ocasión, mostrarse como uno no es, venderse como uno no es, esconder defectos, resaltar virtudes, inventar hazañas.[2]
Nueve años de diferencia. El tiempo no es lo importante, lo que vale es lo aprendido en ese período. Creo que siempre pensé que todo era sobre aprender a subir una escalera a la velocidad que subían los demás, que cuando trataba y trataba, el secreto estaba en tratar más fuerte.
¿Citas?, ¿Yo?, ¡No! El problema no era la rapidez con la que subía la escalera. El secreto estaba en apoyar la escalera sobre la pared a la que quería subir. No era cuestión de tratar más fuerte, si no de tratar algo distinto. ¿Para qué una cita? Si con una conversación en la banca de un parque, en el supermercado, en la barra de un bar o en una cocina me bastaba. La barra de un bar, frente a un televisor que sintonice ESPN tiene algo de mágico para mí: divide mi atención en dos, lo que aún me quita más presión. Genial.
Pero antes yo no era así: Si alguien merecía un premio a la perseverancia por intentar gustar a las mujeres, ese había sido yo. ¡Hasta por diez años consecutivos pude haberme llevado el galardón! ¡Boludo patético! Visitas, tarjetas, llamadas, mensajes, regalitos, citas… Intenté de todo.
Reconozco mi patetismo en ese entonces, como siempre reconoceré que mi capacidad de adaptación y aprendizaje son unas de mis virtudes más fuertes. Aprendí. Aprendí que las mujeres son una máquina de interpretación de señales que yo no sabía leer. Mejor dicho, que casi nadie sabía leer.
Es curioso, pero he notado que muchas de las peleas entre un hombre y una mujer tienen una escena en común que es cuando la mujer reclama algo, el hombre responde haciendo alguna cosa para solucionarlo y ella dice: ¡No me estás escuchando lo que te digo! Lo peor es que escuchamos perfectamente, pero hablamos distintos dialectos y no lo sabemos… Así es, aprendí a leer y a escuchar. Si, lo admito, me tomó un poco menos de nueve años. En mi defensa diré que hay gente que no aprende en toda una vida.
Zannah estaba hermosa al natural. Apenas se había retocado los ojos con unsa sombras que resaltaban aún más su mirada gatuna, color aceituna, destello de luna...[3] Se dejó el cabello suelto, como casi siempre, su sonrisa mostraba algo de nerviosismo, pero también me decían que había una complicidad implícita entre los dos, una complicidad a primera vista.
- ¿Por qué no sales con nadie en citas?
- ¿Quieres una cita conmigo, que insistes tanto?
- ¡No!
- ¡Jaja! No necesitabas ser tan ruda…
- Lo siento, no fue mi intención. No es que no quiera salir en una cita contigo, sino que quiero saber porque no sales en citas, por curiosidad.
- ¿Para qué quieres presión extra en tu vida? Cuando tienes una cita, tienes expectativas algo bueno tiene que pasar, o algo malo tiene que pasar… Pero algo tiene que pasar… Y si a veces pasa algo bueno, pero no es lo que quieres puede ser frustrante; y si pasa algo malo, es frustrante; y si no pasa nada es frustrante. Entre nosotros, esta noche, si no pasa nada, es tan bueno como si pasa algo, porque lo fundamental está en que pasemos bien, en que te relajes un poco…
- Estoy relajada.
- No, no seas mentirosa. ¡Así no nos va a ir bien! ¡Estás nerviosa!
- ¡No!
- ¡Te tiemblan las manos! Jaja
La hice sentir cómoda, jugando con su incomodidad… No le temblaban las manos, hice que le tiemblen, que es distinto. La conversación rodó sobre nosotros. Sobre ella, recién llegada a mi mundo, pero sin saber que era mío, que todo me pertenecía desde mi particular visión ‘juankacéntrica’, dónde incluso mis enemigos existen, solamente porque yo quiero que existan. Mi mundo, donde todo me pertenecía, excepto ella.[4]
Zannah había llegado a mi universo, donde soy esclavo y Dios, donde sufro e infrinjo dolor, donde doy y recibo como Cristo y boxeador. Zannah había llegado, alienígena, brillante, blanca, hermosa, natural, ajena pero sólo para mí, común y casi silvestre, inmune, intacta, invicta, casi ilesa… sin saber que en su luz ella era mi oscuridad y en mi oscuridad yo me podía volver su luz y el más fuerte terminaría por absorber al otro…
Éramos como animales, por eso nos reconocimos y generamos complicidad ante el salvajismo humano. Éramos como animales, y por eso nos tentamos, nos olfateamos porque sabíamos que la vista engañaría y el tacto hubiese sido demasiado prematuro. Los animales no se citan, se encuentran y con ella me había encontrado.
Los animales también conversan, la diferencia está que saben qué hacer. La hembra confía en el macho y el macho confía en sí mismo, porque sabe que la hembra lo seguirá. No hay engaños, se presentan tal cual y el resto es química. Suena machista, tal vez porque… ¿es machista? Sí, porque es reivindicar la esencia del macho.
- Juan K, creo que voy a pedir otro cuba libre
- ¡No, olvídalo, si pides otro más, no voy a poder controlarte y no quiero que termines lanzándote encima de mí! – Le solté con audacia, dejando caer mi mano sobre la suya que estaba extendida en la barra del bar.
Zannah sonrío desconcertada al mismo tiempo que me dio un leve golpe en el hombro. Encima le hice saber que pagaba la cuenta, sin aceptar dividirla con ella, porque soy un caballero y no porque me gustase. ¡No sabía donde esconderse! Pero creo que nunca se había reído tanto en su primera salida con alguien. Yo me sentía tan seguro como Pierce Brosnan con Rene Russo en el caso Thomas Crown.[5]
Lo siento. No creo que cambiar comida por compañía sea un trato respetuoso para ninguna mujer. No creo que cambiar flores por un momento de atención sea un trato digno de una mujer. Si, a veces mis trucos mentales pueden tener cierto aire de ‘control mental' al mejor estilo Jedi, pero no creo en la manipulación de dar cosas para recibir atención o tiempo de una mujer. No necesito impresionar diciendo algo ‘cool’, por lo que no tengo preocupación alguna. Sin preocupación, sin tensión, no hay nervios. No me interesa que ella escuche lo que ella quiere escuchar, me importa más que ella escuche lo que le quiero decir. Si digo algo ‘impropio’ y ella pone cara de afectada… generalmente, me río… no suelo pedir disculpas. Me gusta bromear y molestar, sin ofender. No me gusta la manipulación que se esconde detrás de una cita entre desconocidos. Si todo eso es reemplazable, por una cita con un desconocido… ¡No me opongo! ¡Be my guest! ¡Next!
- Zannah, no me conoces, pero vas a confiar en mí… En este momento tienes dos opciones. Te quedas conmigo y vas a pasar como nunca en tu vida. O elige un tipo de todos los que están aquí, en este bar, el que tú quieras, yo te lo presento… pero, claro, entonces nunca vas a pasar tan bien como conmigo.
Hasta el día de hoy no sé si Zannah eligió correctamente. Talvez debió escoger al tipo de chaqueta blanca que no paraba de observarla, o al mesero que tenía descoordinado la mano y la cara.[6] Pero si estoy seguro que no volverá a vivir las cosas que vivió, a menos que sea conmigo.
[1] Father Figure de George Michael ( ? ):
[2] Hablar usando frases que comienzan con Yo y continúan con ‘siempre’ o ‘nunca’, y que generalmente son más un ‘algunas veces’ y ‘casi nunca, pero si’.
[3] Mejor paro que puede volverse reggaeton.
[4] Luis Miguel: Tengo todo excepto a ti.
[5] Sin duda, una de mis películas favoritas. Pese a todo el derroche que hace el millonario en la película, la clave está en su actitud al conquistarla.
[6] La veía a ella mientras me entregaba la cuenta a mí.